miércoles, 6 de noviembre de 2013

El perfil de nuestro rostro cultural e identidad

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Nuestras Raíces… un té de gen-libre
                                                                                                      Fernando Casado


 Conmociones profundas, labraron, a golpes de martillo, el perfil de nuestro rostro cultural e identidad. Paso a saltos, fueron particularizando, delineando sutilmente nuestra musculatura social, acentuando, en el tiempo, sus rasgos de caracterización diferenciada. Estructurando, cincelando, y finalmente, conjugando la fortaleza visceral de nuestra escultura idiosincrásica y el espíritu auténtico del ser dominicano. Rasgos, más allá de lo físico hacia su quintaesencia, alimentaron y germinaron su coherencia virgen, cuasi-escondidos, desde una brumosa génesis Pre-Temporal. Poca atención hemos dedicado a tomar en cuenta el valor, cualitativamente determinante de todas las circunstancias. ¿Porque somos lo que somos y como somos? Perdemos la perspectiva y hasta nos confunde, pero es un recurso instintivo que nos ha permitido ir asumiendo, cincelando y esculpiendo el hombre, la sociedad y la nación del futuro. 31 años de dictadura lastimaron el lecho de la fe y socavaron una autenticidad que ha costado siglos delinear su esencia y fisonomía propias. Estamos obligados a resaltar lo que la prisa de la Conquista perdió de vista o, penosamente, no acertó siquiera a valorar.

Los rasgos y caracteres con que la naturaleza ha marcado la quintaesencia profunda del hombre, se delatan en las grandes crisis. “Algo”, crecido más allá de lo personal. Lo trascendente, lo esencial, lo que, inevitablemente, explica la fuerza metálica comprometida que diferencia naciones, individuos, razas o tribus en un momento dado y se confirma en los arquetipos que dan el paso y trascienden. Los hombres a quienes la historia no tendrá con qué pagar su sacrificio o ejemplo y cuya siembra regalada queda prendida en la testa de los pueblos, trátese ya de Héroes rotundos o de Crístos anónimos.

          Un primer síntoma de la elocuencia, asoma en Hatuey. Sobrehumano! Hay un ¡No! de principios instintivos, primitivos, que ha sembrado los ecos en su actitud indómita, imperceptiblemente atesorados en nuestros conductos genéticos. Quemado vivo sin proferir una sola queja, marca un valor inconcebible de principios cultivados desde lo profundo del instinto. El torrente hierve incendiario en las pupilas de Hatuey, Caonabo, Guarionex, Anacaona, Bohechio, Cotubanama y erupciona desorbitada y flameante en Enriquillo.

Aun con su verga genética aborigen, el “Cacique” Enriquillo era, culturalmente, un criollo!  Había sido educado, formado a la española, y asumido el uso de las armas. El conocimiento intuitivo de su cultura, lo capacitó para enfrentar y vencer al Conquistador. Conocía sus debilidades. Su estrategia de lucha durante 14 largos años, creó una nación aborigen al margen de la conquista y demostró el Genio latente en las inteligencias y valores de la raza, bullente y magnético, en la transformación de la sociedad múltiple que habríamos de ir consolidando, inevitablemente, hacia el futuro.

El Dr. Chanca, quien arribara con Colón en el segundo viaje. Testigo de la destrucción del “La Navidad” por Caonabo, afirma, luego de presionar e insistir examinar a un Guacanagarix negado, que éste, había engañado al Descubridor, que su pierna “herida” estaba sana y que debió ser fusilado. ¿Hasta dónde es verdad el “supuesto” enfrentamiento entre aborígenes en “defensa” de españoles? ¿Porque desaparece voluntariamente Guacanagarix del escenario y no progresa aquella “supuesta” incondicionalidad amistosa? ¿Quién pudo traducir los hechos, del idioma taino al español, si aquellos fueron exterminados totalmente, sin constancia testimonial posible, ante el desconocimiento de la lengua indígena y éstos de la española.

Sería ignorante desarraigar o ignorar, en el alma anciana de esta primera sociedad que surgiera en el Nuevo Mundo desde 1492, el sentido forzosamente autodependiente, orgánicamente diferenciado y visceralmente amarrado al vientre su tierra, que fue conformando y transformando el basamento cualitativo de aquella sociedad “criolla”, en la coherencia de nación y pueblo que somos hoy.

Del Caonabo indómito al invencible Enriquillo, a la primera rebelión de Negros en la orilla de la  Nueva Historia, a las Devastaciones de Osorio que dieron origen a Monte Plata y Bayaguana y las desobediencias desafiantes criollas al Rey, a las luchas por desalojar la piratería tortuguera y las ocupaciones culpables de nuestro territorio. En los ducados sacrílegos de un ladrón de mares y saqueador de iglesias como Francis Drake, al espanto asustadizo de Penn y Venables, hasta la sangre santiaguera derramada en una guerra ajena, defendiendo el corazón de este sueño del desamparo indiferente y los acosos golosos del pillaje francés aventurero, hasta los imperdonables y catastróficos Tratados Malditos de subastadores sin consciencia de pueblos históricos y fronteras sangrantes, como si aquellos fuésemos bestias y no seres humanos, que enfermaran al delirio aquella primitiva negritud beligerante, que no ha sido capaz de despertar de su terca pesadilla canibalesca. El desvarío aberrante, que para ser “primero de los negros” o “primero de los blancos” importara el color del pellejo y no la inteligencia y el coraje.

 La historia nos ha ido haciendo más capaces, osados y conscientes. Sin proponérnoslo, hemos devenido en una sociedad atípica en este Caribe tumultuoso. Es evidente que somos un pueblo de inteligencia, un brazo histórico diferente al resto. Los liderazgos pueden equivocarse. Los pueblos no. El precio a pagar es demasiado caro. Es lo que nos ha ayudado a reencontrar el camino, cada vez que algún liderazgo enceguecido ha perdido las huellas y la luz envanecida en el camino.

El sentido singular de “Nación” se percibe, sensible y espontaneo, en la piel histórica de nuestras actitudes. La “Corona” ordena las “Devastaciones” (1605). Abandono de las poblaciones del norte y traslación hacia áreas cercanas a la capital. Hubieron de ser violentados y forzados a obedecer la voluntad cesárea del “Rey”. La pregunta es: Cuando el “Criollo” enfrentaba negado estas órdenes “Reales”, ¿cómo pensaba intrínsecamente, como español o como dominicano?.
  
Tenemos el deber ineludible de despejar nuestra fascinante esencia del pre-nacer, brumosa  e irresponsablemente olvidados de un principio remoto ineludible. Un extraño rasgo particular que nos excepciona del resto del entorno. Retos imponderados que nos atan a “civilizaciones” desconocidas, lagunas dormidas detrás del telón de la simpleza aborigen, fuerza genética virginal del pueblo que somos hoy en día, inevitable coyuntura de flexión y ritmo diferente en este drama de simpleza tortuosa del Caribe.

Muestras objetivas, atestiguan un fascinante escenario de vitalidad arqueológica real. Marcio Velóz Maggiolo y la dedicación enamorada de los monjes tranquilos del Museo del Hombre descubrieron, en cuevas de los farallones del Mirador y zonas cercanas a Macorís, masas esféricas compactadas de tierra y restos alimenticios triturados. El análisis científico del C-14 determinó su antigüedad y origen en civilizaciones nómadas remotas, anteriores a los llamados Ciboneyes, localizados en el extremo oeste de la isla de Cuba.

“Hay evidencia también de una temprana presencia de gente de avanzada cultura que difieren de los Arawacos. La primera de tales indicaciones son los elaborados trabajos de Irrigación que fueron vistos en y cerca de la región de Xaragua en el árido suroeste de Española”. Estos estaban en uso de los nativos a la llegada de los españoles, pero eran considerados como de construcción antigua”. (Carl Sauer, “The Early Spanish Main” p.64).

El dato toma dimensión trascendente en un párrafo de la obra “Before Columbus”, Cyrus H. Gordon, p.38-39, donde afirma, involucrando en ello a los antiguos fenicios: “Una más que información de contacto transatlántico está disponible en la “Historia” de Diodorus de Cicilia, que vivió en la primera centuria antes de Cristo. Diodorus (5:19:1-5) adelanta contando de una vasta “isla” en el océano muchos días hacia el oeste fuera de las costas de África. Mucho de ésta es montañoso pero es favorecida también con hermosas planicies”… ”Una colección de relatos de la antigua Grecia es titulada “Acerca de Cosas Maravillosas Escuchadas” y atribuida a Aristóteles”… “La sección 84 de la colección tiene que ver con una “isla” con ríos navegables descubiertos por los Cartagineses”… “El elemento ríos navegables es significativo porque al oeste de África no hay ríos navegables hasta Haití (La Española, FC.), Cuba y el Continente Americano”…”Como hemos ya señalado la única gran masa de tierra al oeste de África con ríos navegables es América (comprendidas algunas grandes islas en el Caribe). Diodorus menciona que en la “isla” hay gentes con hogares bien construidos y arboledas y jardines irrigados. Si su información es correcta”, estos habitantes de América (en tiempos Fenicios) deben haber sido civilizados y poseedores de avanzada agricultura y arquitectura”.

La presencia de argumentos arqueológicos físicos, históricamente comprobados, nos da créditos suficientes para asumir nuestra “Española” como una de las lógicas opciones de asentamientos ancianos y contacto pre-histórico en el camino, que en algún momento detuvieran sus pasos y dejaran plasmadas herencia y huella.  

Gordon aclara que: “la  gente del Viejo Mediterraneo usaba el término “isla” para denominar cualquier masa de tierra que pudiera ser alcanzada por mar --aun enormes continentes— como era natural para marineros que, alcanzando alguna costa, no podían decir si habían arribado a una gran isla o todo un continente”.

“Un segundo elemento lo constituyen las “Minas Viejas de San Cristóbal”:

… terreno minero en el cual Colón creyó reconocer las minas de Salomón. Los Arawacos desconocían el excavar por oro, como Guarionex señalara, ni ninguna otra manera de obtenerlo excepto entresacar pepitas. Ni estaba su cultura orientada hacia la posesión de oro”.

¿Quiénes excavaron y dejaron como bocas abiertas a la historia esas inevitables cuevas? ¿Quiénes aplicaron aquella técnica arcaica “desconocida” para el aborigen? ¿Con que elementales o artesanales herramientas? ¿Qué uso daban al oro? ¿Dominaban la orfebrería? ¿Hacia adonde apuntaba su “mercado”?  

Carl Ortwin Sauer en su obra “The Early Spanish Main” (p.64), bajo el título “Non-Arawak Remains” ausculta otro de los grandes enigmas fascinantes de nuestra atesorada arqueología pre-histórica, citando a Schomburgk:

“En 1851 Sir Robert Schomburgk visitó las Montañas del Cibao, como ellos entonces aun propiamente llamaban, entrando por el camino de Jarabacoa hacia el Valle de Constanza. En el valle de Constanza encontró extensos trabajos aborígenes de defensa, varios cientos de pies de paredes de más de seis pies de altura y lo que el consideró ser túmulos de tumbas en número de más de mil. También habían allí muchas piezas verdosas (greenstone F.C.), extrañas a la región. Veinte años después, William Gabb hizo el primer y aun virtualmente el único estudio geológico de la Cordillera Central, expresando sobre Constanza: “Por los vestigios que aun existen es evidente la ubicación de un antiguo pueblo aborigen de no poca importancia”. Terraplenes varios cientos de pies en extensión, similares a aquellos encontrados en el Valle del Mississippi, son aun visibles, en un buen estado de preservación, cubierto en lugares por árboles de dos pies en diámetro”. Ambos personajes eran observadores de mérito. Los terraplenes, infortunadamente, no fueron descritos más detalladamente, ni lo fueron los “túmulos”. Los escasos informes no sugieren ninguna característica de pueblos Arawacos. Que los túmulos pudieran haber sido los montones de tierra de un gran conuco se hace improbable por la abundancia en ellos de piezas de Jade (Greenstone, FC.) extrañas al área—una piedra preciosa la cual ha sido ampliamente apreciada y exhibida, mostrándose en horizontes arqueológicos en diferentes partes del Nuevo Mundo. Si bien son en verdad túmulos, ellos difieren de las conocidas costumbres de enterramientos Arawacos.

 – (Sven Lovén, “Origins of the Tainan Culture, West Indies)--: “Nunca ha sido encontrada una particular necrópolis (Grupo de sepulturas pre-históricas, F.C.) ni ningún túmulo sobre una tumba excavada”. Refiriéndose a las prácticas de enterramientos Arawacos en general. (p. 544) } --.

Schomburgk continuó a través de la cordillera central hacia la cuenca de Maguana. Cerca del pueblo de San Juan de la Maguana se dirigió al Cercado de los Indios, el cual él midió como teniendo una circunferencia de 2,270 pies, situada en una sabana y formada por rocas grandes de granito pesando desde 30 hasta 50 libras. Estas habían sido amontonadas dando la apariencia de un camino de 21 pies de anchura. Los cantos de roca, él considera, habían sido llevados hasta allí desde alguna corriente cercana (rio o arroyo, F.C.). El gran círculo de piedra, en su opinión, no es probable haber sido construido por los Indios con quienes los Españoles tropezaron, ni están tales corrrales identificados en otros lugares con asentamientos Arawacos. 

El sistema de irrigación, cavidades mineras, terraplenes, circunvalación de piedras, y presumidas sepulturas pre-históricas con túmulos sepulcrales, señalan la presencia de otro grupo pariente que el Arawaco y de este modo era interpretado por los nativos. La materia está aguardando ser estudiada.  




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