miércoles, 9 de agosto de 2017

¿Quienes son los que hacen negocio con los haitianos en Chile?

¿Tiene usted idea del problema de la migración haitiana?



Por: Marcela Castro


Es curioso que mientras ciertas personas pretenden que aceptemos la migración como algo sencillamente “inevitable” y que incluso hasta nos beneficia (lo cual no es tan así), países que han tenido más tiempo olas migratorias están girando hacia un sentido opuesto: restringir la llegada de migrantes. Se acusa a esos países inmediatamente de “xenofobia”. Sí, esa palabrita es muy utilizada. Pero ya no basta esa palabrita para explicar lo que está pasando en otros países y el por qué tenemos, como Estado de Chile, que poner un freno a lo que está ocurriendo, o sea, la llegada sin control y sin filtro de personas migrantes.

Y este asunto, el problema de la migración haitiana es digno caso de estudio. ¿Por qué ellos? Porque tras más de tres décadas de tolerar su migración, los países de la zona del Caribe les han cerrado las puertas. Ahorrémonos las expresiones de compasión y de falso humanitarismo y las acusaciones de xenofobia, racismo y etc., porque si sólo hubiera sido Guyana tal vez podría hablarse de racismo, o si hubiera sido Belice, Guyana y Costa Rica. Pero no es así. En la 25ª cumbre CARICOM celebrada en 2014 en San Vicente & Granadinas, el tema de la migración ilegal haitiana fue el centro del debate. Y se le exigió a Haití que tomara cartas en el asunto. ¿Lo hizo? Curiosamente, lo que hizo fue comenzar a enviar haitianos a Chile. Por eso, en el año 2017, las puertas del Caribe se cerraron a Haití.

Y cuando todos los países la zona Caribe están decididos a cerrarles las puertas a los haitianos, ya no cabe la acusación de xenofobia, y sí la de hacerse preguntas, como ¿cuál es la razón por la cual esos países se niegan a seguir recibiendo haitianos? Respuesta: es que no puede ser que una y otra y otra y otra y otra vez haya que recibirlos.

El colapso final de la paciencia de los caribeños no vino de República Dominicana, que ha tenido que soportar más de 50 años de flujo constante de haitianos. Vino de lo que está ocurriendo en México. La crisis comenzó a finales de 2016, cuando, miles de haitianos cruzaron hacia Mexicali (Baja California) a Tijuana provenientes de Estados Unidos. México, que ya tiene una grave crisis humanitaria con los migrantes, los acogió, les dio refugio, les dio visas… y a los que no cumplían con los requisitos se los iba a deportar. Obviamente se pensará que a Haití, pero no: varios fueron deportados a Brasil. Y otros a países como Panamá, o incluso Chile. Y si la cosa hubiera quedado ahí no habría causado más conflicto, pero es que siguieron llegando haitianos. Y estamos a mediados de 2017 y no han parado de llegar y de formar campamentos, para obtener lo que sus otros compatriotas lograron.

Y la pregunta obvia es: ¿por qué no son deportados a Haití?
Eso es lo que ha acabado por fastidiar a los países de la zona Caribe, para que hayan puesto un alto a décadas (léase bien, décadas) de aceptar a haitianos. ¿Qué pasa en Haití que este flujo de personas no para? ¿Cómo es posible que sigan saliendo miles de personas cada año y no paren de salir de la isla? ¿Cómo no son capaces de construir un país donde vivir que tengan que mendigar en otros una década tras otra?.

Y ese es el problema: ¿no son capaces o no quieren? Y la respuesta a esa pregunta es lo que ha causado que los haitianos no solo ya no gocen de la misma compasión que hace unas décadas, sino que sencillamente se hayan vuelto un problema. Para que se hagan una idea: ¿cuál es la actitud actual de los migrantes haitianos en Centroamérica? Fingirse africanos. El 95% de los migrantes irregulares, afincados en las fronteras norte y sur de Costa Rica en estos últimos dos años, son haitianos que se hacen pasar por africanos, para evitar la deportación a su país de origen. ¿Por qué? Porque Haití está en el suelo.

Y lo que Panamá, Costa Rica, Belice, Salvador y otros países quieren saber es ¿por qué está en el suelo? O sea, Haití no está en guerra, Haití tiene presidente y Congreso electos, y Haití está bajo el alero del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que ha decidido poner fin a la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH) este año. No podría hacerlo si las condiciones en la isla no fueran aceptables. Oh, es que ocurrió un huracán el 2016 y el terremoto del 2010… ¿Y eso es razón por la que otra vez (como llevamos viendo desde hace décadas), los haitianos siguen saliendo de su isla? ¿Cuándo se pondrá un alto a todo esto? se preguntaron los países del Caribe. Panamá exigió directamente al gobierno haitiano una respuesta en el 2016, lo hizo Costa Rica hace unos meses atrás, lo hizo Bahamas en el 2014. Estamos en 2017 y la cosa no para. Hace décadas que no para.

La respuesta a todo este asunto está en la élite haitiana. Oh, sí, hay élite haitiana. Y esas personas venden a su gente a la élite de otros países (como el nuestro) para satisfacer las necesidades de mano de obra barata de las fincas, de los ingenios y del sector de la construcción. ¿Creen que es mera casualidad que la zona del Mato Grosso de Brasil sea la que concentre la mayor cantidad de haitianos? Ahí están los ingenios de caña de azúcar, fundamental para la producción de etanol, o sea, agrocombustible. La expansión de la producción de agroenergía, es de gran interés para empresas de organismos genéticamente modificados o transgénicos, como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass y Bayer. O sea: George Soros y Bill Gates entre otras personas sumamente humanitarias. Cuando Lula llegó al poder en Brasil, uno de sus empeños fue controlar el trabajo de la mano de otra precisamente en esa zona y en la de Sao Paulo, hacia el año 2006, encontrándose con mano de obra esclava, sobre todo indígenas. Dado el control que hizo el gobierno brasileño para impedir este abuso, ¿qué creen que hicieron esas empresas? Traficar con haitianos, desde República Dominicana (o sea, desde otros ingenios) hacia Brasil, vía Bolivia.

Soros, que ha financiado las campañas de legalización de la marihuana (lo hizo en Uruguay, pautando a Mujica, con el fin de obtener autorización para cultivar marihuana transgénica, para controlar el mercado de ese producto), está totalmente a favor de la migración haitiana y financia campañas de apoyo a la “regularización” de esas personas, sobre todo cuando están “apátridas”. Lo cual es un negocio para la élite haitiana, que busca conseguir fronteras abiertas y repatriaciones casi nulas. ¿Dónde está el negocio? Oh, es que Haití recibe fondos para vivienda, educación y capacitación laboral desde la Unión Europea y desde la misma Naciones Unidas. Si no hay a nadie a quien capacitar ¿quién se queda con ese dinero?

Solo mírese lo que ocurrió cuando la presidenta Michelle Bachelet fue a Haití. Si tan mal lo pasan los haitianos en este país, si son tan discriminados, maltratados, si pasan tanto frío, ¿por qué no se acordó un plan de repatriación? Correspondía, dado que Chile era participante de la MINUSTAH que ha reconstruido Haití. En ese país, Chile impulsa proyectos en materia educativa y de reconstrucción, enfocados a los jardines infantiles, la financiación de becas, la construcción de escuelas y la capacitación de agentes de la Policía Nacional, además de proyectos, como capacitación de jóvenes en microemprendimientos y medioambiente, y entrega de medicamentos. ¿Por qué hacer que se queden personas en un país extraño si pueden vivir en su propia tierra? No, no fue eso lo que se discutió, sino en cómo hacerles las cosas todavía más libres a los haitianos en Chile, otorgando visas a los menores de edad incluso cuando no les corresponde. ¿Quién se queda con ese dinero que el Estado de Chile pone a disposición de Haití, si les damos dinero para que se financien emprendimientos que no se harán porque la mayor parte de la población de Haití está fuera de la isla? O peor, financiamos emprendimientos para haitianos en Haití, y mantenemos a los haitianos en Chile dándoles beneficios sociales que no les corresponde, porque entraron como turistas. Pero cuando se habla de “repatriar” no hay dinero. Y la pregunta que cabe aquí es: si Haití es un país en reconstrucción, ¿no es acaso en esos lugares donde más se necesita mano de obra?

Para que tengamos una idea de lo que nos pretenden hacer cómplices quienes alegan que debemos aceptar incluso más haitianos de los que ya nos han caído encima: Haití ha reactivado este año al Ejército regular, que había sido desmovilizado tras el regreso de Jean Bertrand Aristide en 1994. Y se pensó, ilusamente, que eso significaba que Haití por fin cumpliría su eterna promesa de controlar la migración. No, no se está reactivando al Ejército para eso, sino para poner fin al contrabando de mercancías, sobre todo con República Dominicana. O sea, no para impedir que el flujo de migrantes haitianos siga yendo a ese país, aunque toda la zona Caribe se lo ha exigido, no como incentivo a la repatriación con ofrecimientos para quienes se enlisten. Y esa fue la gota que colmó el vaso a los países caribeños: si los haitianos pueden financiar un Ejército ¿por qué no pueden financiar las repatriaciones?

Para que se entienda que este asunto no es ni remotamente xenofobia y que deberíamos preguntarnos quienes son los que están haciendo negocio con los haitianos en Chile. El huracán Matthew provocó daños en Haití en el año 2016. Otro huracán. Otra vez Haití con daños. República Dominicana entregó ayuda (también sufrieron daños pero igual ayudaron). ¿Qué dijo la élite haitiana? Las autoridades deben tomar con pinzas la ayuda dominicana, para evitar que aumente la dependencia de nuestro país en el plano alimentario. Tacharon la ayuda de acción de ocupación o intervencionismo. Algunos hablaron de “invasión”. ¿Objetivo? crear escasez artificial para aumentar los precios de los productos dominicanos que llegan a su territorio. ¿Quiénes se benefician? Los muy ricos ciudadanos haitianos, que explotan a su gente, porque ¿Cómo no hacerlo si tienen a millones de haitianos que remiten dólares a sus familias desde muchos países del mundo?
Y los haitianos son cómplices de su propia élite. Viajan sin papeles porque la élite haitiana se los niega. Pero al llegar a otros países, los exigen, e incluso usan y abusan de derechos, con el fin de obtener legalizaciones y regularizaciones que no les corresponden, presionando con su presencia masiva. ¿Se entiende que el principio de ius solis no aplica para extranjeros en condición “de tránsito” por el territorio? La gran mayoría de haitianos en Chile están en tránsito, porque ingresaron como turistas. Entonces ¿por qué están apátridas, si su obligación es inscribir a sus hijos en sus consulados? Porque así fuerzan un arraigo que no les corresponde, porque ingresaron como turistas, abusando de los beneficios de tal condición, empezando: menores exigencias de ingreso. Si eso no funciona, apelan a la miseria para obtener visas humanitarias, como ocurre en Tijuana. Y desde los medios de prensa se alimenta la idea que todo lo malo que les pasa es por culpa de la población nacional, que es racista, que los discrimina… Pero es cosa de revisar el historial de la migración haitiana en otros países para darse cuenta que hay un patrón que se cumple en todos los casos: los haitianos no son pobres porque se les trate mal en los países a los que llegan, ellos lo son porque acarrean pobreza. La traen de su país, no la adquieren fuera de él. Y la esparcen a todos los demás países, con los que nunca se muestran agradecidos, sino que siempre los miran como deudores. Todos le deben a Haití.
Se nos exige a todos los países asumir un rol paternalista con respecto a los migrantes de Haití, descartando de antemano el derecho que el Estado tiene a decidir sobre aspectos de migración tan puntuales como quién entra, quién se queda y quién puede ser deportado, así como los criterios a emplearse para tomar esas decisiones. Tenemos que mirarlos siempre como víctimas. La cuestión es que ¿de quiénes son víctimas los haitianos? ¿De Panamá, de Chile, de Brasil? ¿Por qué no se dan cuenta que los haitianos sólo son víctimas de ellos mismos y de su ataviada cultura de victimismo y de mendicidad?
Por eso es que la zona del Caribe se aburrió de ellos, por eso es que no les permiten ingresar sin documentos, por eso es que les han puesto un freno y los están deportando. Y ojo: deportar no es violación de derechos humanos, es la sanción para los extranjeros que no cumplieron con sus obligaciones, como los haitianos que ingresan sin papeles y sin siquiera un chequeo médico. Ojalá fuera un asunto de nacionalismo trasnochado, ojalá se redujera a “no queremos negros”. Pero algo está mal en ese discurso demagógico basado tangencialmente en derechos humanos, cuando países que tienen población negra nacional rechaza a los haitianos. Y no nos hará mejores personas ignorar eso y escuchar discursos pro-regularizaciones que no sabemos quién está financiando y por qué. Ya los países del Caribe se creyeron el cuento de la “igualdad” con la que pretenden forzarnos a los chilenos a que no exijamos nada a los extranjeros en general. Pero es mentira. Los Estados tienen la responsabilidad primaria de sus propios ciudadanos y fijan los términos para la admisión, residencia y remoción de extranjeros. Haití está olímpicamente ignorando a sus ciudadanos, lleva décadas haciéndolo y lo seguirá haciendo mientras tenga países que carguen con ellos, mientras se permita el envío de remesas que haga que los haitianos que viven allí no tengan que exigir nada a sus autoridades, y así obtener ganancias millonarias para la élite que es la que se beneficia con todo esto. No podemos seguir siendo cómplices de ello. No podemos, en nombre de los derechos humanos malentendidos, continuar solapando la mediocridad del Estado haitiano ni asumir responsabilidades que ni siquiera cumplimos con nuestra población.






Doctora en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (U.Complutense de Madrid), Licenciada en Humanidades con mención Historia (U. de Chile), entre otros grados, y fan de Spartacus, de la opera y de Bette Davis.


03 de agosto, 2017

Tomado de elquintopoder Chile

http://www.elquintopoder.cl/politica/tiene-ud-idea-del-problema-de-la-migracion-haitiana/

lunes, 24 de julio de 2017

Editorial jueves, 20 de julio de 2017 del Listín Diario

Una colosal adulteración

Documentos falsos y robo de identidad ó usurpación de identidad



Carnets oficiales del Plan de Regularización de Extranjeros fueron clonados y reproducidos por miles y vendidos a inmigrantes haitianos que, al adquirirlos, creyeron que tenían papeles en regla para vivir y trabajar en nuestro país.

Cuando las autoridades detectaron en Santiago que hasta de un solo carnet oficial, debidamente registrado, se hicieron miles de reproducciones con las fotos de los haitianos que compraron los documentos adulterados, estaban descubriendo la punta de un iceberg que parece más grande de lo imaginado.

Es por eso, en gran medida, que en los operativos llevados a cabo en estas últimas semanas por las autoridades militares del Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront) y de la Dirección General de Migración aparezcan como arrestados y repatriados centenares de haitianos que alegaron tener sus papeles en orden.

En realidad muchos tenían el carnet de regularización, pero adulterado.

Ese carnet es una especie de visa o permiso para residir y trabajar en el país por un tiempo que ya venció, para que en ese período los portadores de ese documento pudiesen completar los procesos para formalizar su estatus migratorio y, eventualmente, para aspirar a la ciudadanía.

Unos mafiosos, avivatos por demás, han hecho un gran negocio a costa de la miseria y el engaño de miles de haitianos que pagaron por adquirir el carnet de regularización, seguramente conscientes –algunos- de que se estaban metiendo en una triquiñuela o algo impropio, y otros engañados por aquellos que les hicieron creer que actuaban como agentes intermediarios de algún organismo oficial dominicano y que los carnets falsos eran legítimos.

En la medida en que se decomisan estos carnets adulterados y los portadores no pueden demostrar autenticidad o documentos confiables de identidad y de viaje, como cédulas o pasaportes haitianos, estos inmigrantes ilegales son repatriados.


Las autoridades dominicanas afirman que se están ajustando al protocolo de las repatriaciones, pero los diplomáticos haitianos y algunas ONG denuncian que en estos operativos se cometen abusos contra los derechos humanos y se están deportando personas que tienen sus documentos auténticos de regularización.

Lo cierto es que en el caso de la colosal adulteración, las autoridades tienen pruebas fehacientes y suficientes para demostrarlo.


https://www.youtube.com/watch?v=PveekYKtsio

Pasaporte, visa, residencia, carta bancaria o de trabajo...

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Ofertan “combos” de documentos falsos


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Por: Minerva Isa


De voz en voz se transmite la oferta: Un “combo” de documentos falsos. Charmín lo ofrece, garantiza un servicio eficiente, “legitimidad” impecable. ¿Quiere viajar? ¿Evadir la justicia? ¿Acaso un matrimonio de conveniencia? No hay problema. Todo estará nítido, nada será sospechoso a la aguda mirada del cónsul del “país de los sueños”, del “sueño americano” que a veces se troca en pesadilla.

¿Desea un combo completo? ¿Pasaporte, visa, carta bancaria o de trabajo? 
No hay problema, Charmín te hace “rico” de la noche a la mañana. En un instante consigues matrículas de vehículos, títulos de inmuebles, cuentas en bancos, nada te faltará al momento de solicitar el visado.

Todo falso, por supuesto. ¡Ilegítimo!, pero capaz de montarte en un avión, de trasladarte a Nueva York, Boston, Miami o Madrid.

¿Cuánto? 
RD$50 mil para iniciar el proceso, y de “ñapa” orientaciones al cliente sobre las respuestas durante la entrevista con el cónsul. El resto, según la cantidad de documentos, y si obtiene un pasaporte visado, sobrepasará los RD$200 mil. El precio dependerá del servicio. Ofertan tarjetas de residencia y de Social Security, actas de nacimiento norteamericanas falsificadas para optar por un pasaporte de Estados Unidos.

Si para residir en Nueva York o Madrid logra un arreglo conyugal y le urgen los “papeles” que llevará al consulado, igualmente se gestionan y estarás listo para viajar, como los falsos peloteros que intentaron migrar ilegalmente a España.

Como otros que van y vienen con documentos de los que Charmín y sus cómplices ofrecen al mejor postor.

 ¡Un negocio floreciente!
A algunos los apresan, pero poco después están libres, en plena faena, adulterando cédulas de identidad y electoral, pasaportes que permiten el tráfico humano del que el país ha sido puente y destino.

Falsifican actas de nacimiento para suplantar identidades, lograr nacionalidad dominicana, evadir fianzas, encubrir narcotraficantes, escudar reincidentes en crímenes y otros delitos.

La promoción llega al exterior y el país se convierte en refugio de criminales, en “paraíso de la ilegalidad”.

Usurpan identidad. Con doble o triple identidad llegan delincuentes extranjeros que huyen de la justicia en su país, buscan una guarida, hacer de RD escenario de sus acciones delictivas, como José David Figueroa Agosto, al que expidieron tres cédulas con tres nombres distintos, y declararon la hija con dos padres y madres falsos.

Más reciente, el caso del prófugo italiano investigado por la Fiscalía de Santo Domingo y la Interpol, a quien detectaron en gestiones para cambiar su identidad en el país, al igual que fugitivos de otras nacionalidades que se ocultan aquí y pasan años sin ser descubiertos o son encubiertos por quienes están llamados a perseguirlos.

A doble identidad recurren extranjeros, sobre todo haitianos que fraudulentamente se nacionalizan como dominicanos para residir ilegalmente en el país o como tránsito para migrar a otras naciones.
 
Fácil usted encuentra un haitiano o haitiana con su nombre
Adoptan falsa identidad mujeres utilizadas por una banda como madres biológicas de hijos que no parieron. Lo hacen haitianas, también dominicanas como la apodada “Doña Gallina” y otra que años atrás escandalizó al declarar 18 vástagos con diferentes padres, en su mayoría extranjeros, de los que solo dos eran suyos. Tampoco ella tenía una identidad real.

De una o otra generación. A menudo, dominicanos roban identidades ajenas para viajar, votar, casarse, declarar hijos, transmitiéndola de de padres a hijos y nietos, conformando una cadena fraudulenta.

La suplantación con fines migratorios es la causa dominante, sobre todo en el Sur, aunque también obedece a razones comerciales para engañar bancos y asociaciones hipotecarias.

Apelan a la doble identidad aquellos a quienes rechazan visas, deportados que intentan regresar a EU y peloteros para firmar en Grandes Ligas. El Gobierno de EU sostiene que el 25% de estos falsifica documentos, se involucra en fraudes de edad y de identidad.

Este recurso se utiliza de manera inconsulta o a sabiendas del suplantado, en forma temporal o permanente. Existen personas que han vivido medio siglo o más con una identidad falsa, tomada de alguien que ignora que en algún lugar otro responde a su nombre, se abroga sus derechos civiles y políticos.

Entre los suplantados hay ciudadanos fallecidos, de quienes falsearon los datos de su registro, usaron su acta de nacimiento, obteniendo la cédula con su nombre o el de la persona que fue declarada.

Dos o tres individuos viven con la misma identidad, una práctica entre hermanos, primos o amigos que llevan igual nombre, distintas cédulas y una sola acta de nacimiento. En estos casos suelen ser acuerdos sin interés pecuniario.

Hay quienes se identifican como falsos abogados, ingenieros, militares, periodistas. Inclusive médicos, como en dos ocasiones se reportó en el hospital Cabral y Báez, de Santiago. Uno de ellos solicitaba instrumental para cirugías menores, cobrando a los pacientes por sus atenciones facultativas.

Vasta industria. Los solicitantes de documentos falsos apoyan una extendida industria de falsificaciones, con redes formadas por reincidentes con dos o tres identidades, varias cédulas y pasaportes. Nombres falsos como el de Charmín y aliados. 

En esas mafias se involucran empleados de empresas privadas, como el intermediario que laboraba en una firma de telecomunicaciones. Hasta su detención, cobraba altas sumas por cartas de trabajo y credenciales falsas usadas en formularios de solicitud de visas.

Entre ellos figuran diestros falsificadores o disponen de los servicios de “especialistas”, como el apodado “Pavo Fey”, detenido por adulterar cédulas, más vulnerables que las actas de nacimiento, lo cual podría superarse con la nueva, en proceso de expedición.

Los integrantes de la red se confinan en laboratorios, mientras otros actúan como revendedores o “buscones”, confabulados con empleados de entidades estatales, Tránsito Terrestre y la Junta Central Electoral (JCE).

Esa connivencia se evidenció en junio de 2013 al detener nueve miembros de una red formada en su mayoría por empleados y exempleados de la JCE, acusados de falsificar registros electorales para duplicar identidades, de alterar actas del estado civil.

Ese año arrestaron otros diez hombres por adulterar documentos. Estafaban ciudadanos a los que entregaban marbetes, licencias de conducir y registros falsos tras cobrar el dinero.

Redes internacionales. 
Bandas de dominicanos y extranjeros funcionan aquí y en el exterior, como la acusada en 2012 por el Servicio Secreto de EU de falsificar millones dólares en RD para colocarlos en el mercado de Nueva York, Nueva Jersey y Miami.

Operaba próximo al aeropuerto de El Higüero, presuntamente en un centro de acopio de cocaína.

Ese año, federales de EU arrestaron y acusaron en una corte de Boston a un dominicano y dos peruanos por falsificar más de US$2 millones, fabricados en RD, acusándolos de contrabando y otros 25 cargos vinculados con la venta de dinero falso aquí y en Perú.


DNI de Perú

La frecuencia de fraudes cometidos por grupos organizados con tecnología al más alto nivel, hace que la competencia entre documentos originales y falsos sea pan de cada día.

Nuevos caminos abre a la falsificación la cámara fotográfica digital, reproductora de documentos, como la tradicional. Si la antigua foto con película era adulterada o trucada, más aún la digital, con la que pueden crear un nuevo documento, desvirtuando la información para extorsionar, amenazar, desinformar.

República Dominicana entre países con más fraudes
Las falsificaciones en que incurren dominicanos para obtener visado estadounidense hacen que el porcentaje de fraudes en la sección consular de la embajada de EU en RD sea una las más altas de América Latina y del mundo.

Personas que no califican para visa de paseo o de residencia, un pasaporte estadounidense o un reporte consular de nacimiento en el extranjero, utilizan documentos falsos con la intención, a menudo fallida, de obtener documentos legítimos, visas y otros para viajar a EU. Los adquieren de manera fraudulenta a vendedores para alterar su identidad o antecedentes personales y profesionales. Entre las tendencias de fraude, una de las más usadas históricamente es el matrimonio falso para inmigrar a Estados Unidos, conseguir una vista de residencia.

Si se comprueba la ilegitimidad de la relación matrimonial, el peticionario será permanentemente inelegible para viajar a EU. Podría ser procesado en una corte de ese país, obligado a pagar multas y hasta encarcelado. Igual ocurriría a quienes para obtener pasaporte norteamericano presenten un acta de nacimiento falsa.

Si para calificar para una visa de turista utiliza documentos falsificados: títulos de propiedad, cartas de bancos, actas de nacimiento, de matrimonio o de divorcio falsos, puede ser arrestado bajo las leyes de RD y ser inelegible en el futuro para visas de turismo o negocios. Y corre el riesgo de pagar miles de dólares en multas, ir a la cárcel y quedar fichado como falsificador en la Policía Nacional.

Decenas de personas han sido arrestadas en la sección consular de EU en el país, al presentar documentos falsos durante su entrevista para una visa de paseo. Detuvieron también a vendedores de documentos falsos que habían engañado a muchos individuos con la venta de los mismos y la promesa de una visa estadounidense.


1. Lesionan educación
El sistema educativo de RD ha sido lesionado con la falsificación de certificaciones escolares, títulos universitarios, lo que años atrás convirtió a RD en fábrica de profesionales dominicanos y extranjeros. Práctica a la que se añadía la expedición de exequátur falsos.

2. Pruebas Nacionales
La educación es afectada por igual con los fraudes en las Pruebas Nacionales, el envío de respuestas por celulares, profesores que promueven alumnos no calificados y estudiantes que hacen trampas, sacan “chivos”, anotaciones durante el examen.

3. Alteran calificaciones
La falsificación de calificaciones universitarias resurgió en la UASD, donde en enero pasado el Consejo Universitario ratificó la suspensión de tres empleados acusados de la alteración de notas. A la vez, pidió la devolución inmediata a quienes recibieron títulos fraudulentos.

4. Tesis de grado
El plagio de tesis y monográficos, tanto de grado como de postgrado, ha sido un cáncer en las universidades. Las copias, totales o parciales, son detectadas con software antiplagio, aunque hay casos en que se hace con tal maestría que no siempre se descubre el engaño. Indicios de plagio son frecuentes en ciencias económicas, sociales y jurídicas, humanidades, ingenierías, medicina y ciencias. 

Con esta práctica surgieron negocios de plagio en la vecindad de academias, ofertándolas a RD$20 mil, RD$30 mil o más.

Editorial del Listín Diario

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¿Odio? ¿Odio a quién?

Es recurrente, en el lenguaje de los diplomáticos haitianos, usar la palabra odio, o campaña de odio, para etiquetar las críticas que los dominicanos o los medios de comunicación hacen a la creciente inmigración ilegal de haitianos a este país.
 

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Haitianos violentan consulado dominicano,arrean la bandera Dominicana y ondean la haitiana


En el lomo de esta palabra predilecta, odio, montan todo el tinglado de insinuaciones o acusaciones que luego sirvan para justificar el estigma del racismo y la xenofobia que abiertamente descargan sobre las políticas locales de control migratorio, para desacreditarlas o neutralizarlas.

Un modelo de chantaje ya conocido, encaminado a dorar la píldora de lo que es el hecho grave de violentar las leyes migratorias de un país para establecerse en él y reclamar, más adelante, unos derechos que nunca han tenido o disfrutado en el suyo, donde nacieron.

Utilizar la expresión “campaña de odio” para describir las reacciones que se han producido en República Dominicana a favor de un mayor control de inmigrantes en la frontera es una sutil manera de restarle peso y razón al legítimo derecho de los dominicanos a defender su soberanía, sus leyes, su cultura, sus costumbres y sus valores nacionales.

Por años, la sociedad dominicana ha visto crecer exponencialmente la población flotante haitiana, compuesta casi ciento por ciento por indocumentados, sin incurrir en hechos concretos de hostilidad, violencia o estigmatización hacia ella, pese a las conductas arrogantes, desafiantes y hasta atrevidas de algunos inmigrantes que han venido con la creencia de que esta tierra les pertenece.

Si de odio se trata, habría que decir que quienes lo fomentan son aquellos que viven acusando a la República Dominicana de atropellar los derechos de los inmigrantes, legales o ilegales, para hacerse las víctimas de un monumental “genocidio civil” que los ha dejado sin patria y sin acceso a los servicios más elementales para vivir.


Ese ha sido el chantaje de siempre: imputarnos falsedades, falacias, propósitos inexistentes para denunciarnos ante el mundo como una nación de bárbaros, inhumanos, racistas y xenófobos, que patean, desprecian y echan de su suelo a los pobres haitianos que vienen en búsqueda de mejor destino.


sábado, 15 de julio de 2017

Repasando la Historia


Los cocolos somos “gente mansa”

  “Fulano de Tal, serie 23, 
tiro el paso y hablo inglés”



Por: Rolando Robles

La expresión la escuché siendo niño y desde entonces me ha acompañado en la memoria. Quien tal afirmación hacía, era un pastor de la Iglesia de Dios de la Profecía, el Reverendo Ladow, de muy grata recordación para mi familia. En ese momento me resultó ininteligible, porque yo no sabía a plenitud lo que significaba e implicaba la palabra “cocolo”. Ahora, yo si  suponía que los cocolos eran personas de la raza negra, aunque no eran haitianos.

Sin embargo, intuía que en el fondo se escondía algún sentido peyorativo cuando te identificaban como cocolo; te marginaban y como que dejaban caer alguna zurrapita al hablar. Esto provocó que algunos renegaran de su condición primaria y hasta castellanizaran su nombre. Pero en modo alguno se puede considerar como una actitud de cobardía sino mas bien, era como un intento de sobrevivencia, que a su vez evidenciaba una gran preocupación por el futuro de la familia.

Ruinas del Ingenio Quisqueya
Crecí con la duda de no saber a cabalidad lo que significaba ser un cocolo. Hasta que en un viaje al ingenio Quisqueya, por agosto de 1960, alguien le dijo a un familiar -en casa de don Daniel Luna- algo así como: “oye cocolo, muévete que hay que salir temprano” y el aludido le respondió con toda la dignidad que pudiera yo imaginar a mis trece años: “si, cocolo y a mucha honra”. A partir de ese momento me dispuse a averiguar qué era en realidad un cocolo; un sobre nombre que algunos rechazaban, pero que otros aceptaban con evidente orgullo.

A mi tía Zulinda Robles (qepd), la escuché decir alguna vez: “nosotros somos de origen inglés, cocolos”. Y lo decía con tanto garbo y postín, que hasta la mismísima reina Isabel se habría sentido plebeya, ante esta imponente negra, de correctísimo hablar y modales propios de la realeza humana.

Hoy, a mis setenta años, aún sigo averiguando y aunque he aprendido bastante sobre los cocolos, continúo intrigado y buscando una definición mas explícita. Por supuesto, ya tengo muy claro que no es pecaminoso ni vergonzante, el que alguien te llame cocolo. Porque si lo eres, entonces experimentas un infinito placer cuando te lo recuerdan; eso lo puedo sentir.

Ha llovido bastante desde entonces, pero mucho mas que el tiempo transcurrido, es lo tanto que he ido conociendo sobre la gente que siempre estuvo a mi alrededor y que sin modestia ni dolor alguno, se llaman a sí mismos cocolos. Similar a la solidaridad de los negros americanos, que entre ellos se llaman “niger”; pero si un “blanco” lo hace, lo consideran un insulto. Los cocolos actuales, por el contrario, no se ofenden si se les recuerda su origen; mas bien lo celebran y hasta lo agradecen.

Y precisamente de eso es que quiero hablarles. Alguien comentando uno de mis artículos, me escribe: “Jabalí, yo no sabía que tú eras cocolo, yo también lo soy, así que dejaré de atacarte, porque lo mínimo que somos tú y yo es compadres”. Esto encierra una gran valoración por sus ancestros y una evidente y sólida autoestima personal y colectiva.

Primero debo establecer que los cocolos no son necesariamente negros y que el “cocolismo” no es una expresión simplemente étnica. De hecho, a lo largo de mi vida he conversado sobre el tema con gente que no tiene nada de negros ni en su sangre, ni en el ADN de su familia; y ellos mismos, con altísimo pundonor se definen como “cocolos morales”. Una demostración fehaciente de que el estilo de crianza de los cocolos es muy bien valorado por el resto de los dominicanos.

Eso de “cocolo moral” me obliga a establecer ciertas categorías con que este peculiar grupo de descendientes de esclavos isleños proveniente de la madre patria África, se clasifica a sí mismo. Ese ejercicio de reencuentro con los orígenes comunes, me resulta extraordinariamente placentero, aunque en ocasiones pareciera un tanto pretencioso.

“Robles, de entrada, aclararemos que eso de que el término ‘cocolo’ es una simple degeneración de ‘tortolos’ -o sea, habitantes de la isla Tórtola- ya no se puede aceptar como el génesis de la ‘cultura cocola’, nosotros somos una categoría histórica en el devenir dominicano” me dijo muy convencido Celestino Potter, un mecánico romanense que supongo ya se ha ido, por allá por los años 80’s.

Desde los tiempos previos a la independencia, se había acuñado el término cocolo; mucho antes de la gran migración hacia la isla. Tenemos constancia de que en una carta que dirigía el sacerdote peruano Gaspar Hernández al pintor Baltazar Morcelo, días después del 27 de febrero de 1844, le decía: “Te felicito a ti y a todos los dominicanos por haber sacudido el yugo de los mañeses cocolos, …” en evidente alusión racial y peyorativa a los haitianos.

Ya viviendo en Nueva York, traté de recoger el sentir de la comunidad dominicana sobre la valoración de los cocolos, ahora que de nuevo han emigrado -como lo hicieron sus antepasados- y contacté a dos “cocolos insignes” como Luis Graveley (qepd) y John Sheppard. La experiencia ha sido sencillamente exquisita, por la claridad cultural de ambos.

Graveley, mi amigo de 30 años, afirmaba sin reservas: “Un cocolo es un muchacho criado con método y respeto a la familia y a las personas mayores”. Años después escuché el mismo criterio por boca de otro cocolo, el magnífico beisbolista George Bell. “Es muy difícil que tú te encuentres con un cocolo bruto (sin educación académica), por lo general, el cocolo le hace tiempo al pupitre, no a la cárcel” reiteraba el conocido dirigente político y seguidor de Peña Gómez”.

Sostiene por su parte el doctor Sheppard, con la habitual parsimonia que lo caracteriza y desde luego, como docente consagrado que es, lo siguiente: “te voy a confiar algo Robles, a los cobradores les dicen ‘ingleses’, porque los cocolos eran reclutados por los comerciantes para cobrar, debido a su conocida seriedad, responsabilidad ciudadana y apego a las leyes; cuando llegaba ‘el inglés’, llegaba el cobrador”.

Mas adelante, el sólido intelectual aclara otro asunto de carácter folclórico, y que ha sido tergiversado por ciertos comunicadores en funciones de “culturólogos”. Se refiere el doctor Sheppard al origen de la expresión Yaniqueque. “En realidad, es una corruptela de ‘journey cake’ o sea ‘la torta de viaje’, aludiendo al sabroso alimento de harina de trigo -horneado o frito- que por descomponerse tan poco, te sirve para comer durante una travesía mas o menos larga”

Francisco Chapman (qepd) cocolo insigne, laureado escritor y activista comunitario, me decía con mucha propiedad: “es muy cierto Rolando, si le das una mirada a las cárceles, te será muy difícil encontrar un cocolo preso; es que el cocolo fue criado para servir a la sociedad, no para delinquir. Nuestros padres siempre entendieron el concepto de ‘invertir en la segunda generación’, algo que creo, hemos olvidado los dominicanos al venir a Estados Unidos.”

Carlos McCoy (Johnny), otro cocolo insigne y de armas tomar, relata en una reseña sobre su gente que: “el cocolo en nuestro país, se distinguió por su sentido de orden y organización, fundando diversas instituciones sociales, tales como: logias odfelas, sociedades religiosas, artísticas, deportivas y de socorro mutuo. Algunas han prevalecido en el tiempo como es el popular SAM (Sociedad de Ayuda Mutua)”, que aquí en Nueva York lo identifican simplemente, como una “sociedad”. En realidad, el SAM es una creativa manera de ahorrar en conjunto.

Mas adelante en su relato, remata Johnny con una expresión de evidente satisfacción, proferida por su padre don Charlie McCoy (qepd): “No hay un solo cocolo que sea ladrón ni maricón”

Julio César Malone, escritor y periodista nacido en el ingenio Consuelo de Macorís del Mar, toca otra arista de la cultura cocola, su cultura: “fíjate en la historia nuestra desde la muerte de Trujillo para acá, por ejemplo, y dime ¿cuántos cocolos tú conoces señalados como corruptos?, no es que no los haya, pero eso es muy raro”.

Esta verdad a medias, aceptada por mí solo por la categoría investigadora del emisor, me indujo a verificar, con cierto entusiasmo y algo de temor, que en realidad los cocolos no son gente de adueñarse del erario público. Ese antiguo vicio de “coger lo ajeno”, hoy tan arraigado en la sociedad, no es un hábito de los cocolos.

Marino Mejía, un meritísimo docente e investigador social, reconocido por la comunidad en el grado de “cocolo moral e insigne” a la vez, hace una acotación un tanto irreverente y que define con propiedad a los cocolos mas frívolos, los cocolos de cabaret. Me asegura Mariano, que la carta de presentación verbal a las meretrices, de los pocos cocolos que visitaban “la Arena” de Miramar o “los Kilómetros” de la José de Jesús Ravelo en Santo Domingo, decía lo siguiente: “Fulano de Tal, serie 23, tiro el paso y hablo inglés”.

Otro cocolo moral, pero tan cuadra’o como los mas originales, es Luis Gaspar, Comandante de Abril, mejor conocido como “Guiguí la Vela” (por su figura espigada); que se apresura a aclarar que él es “makambo”, o sea proveniente de Aruba y Curazao. Su padre don Rafael Gaspar (qepd) se estableció en San Antón, cuando se levantó un “Quilombo” frente al “Solar de la Piedra” en La Atarazana. Varias familias de las Antillas Holandesas crecieron por esos alrededores: los Tillman, los Romell y los Gaspar, para solo mencionar tres.

Guiguí tiene méritos personales para ser considerado un cocolo insigne, en especial su preocupación por sus orígenes, su profundo sentir patriótico y el apego a las buenas costumbres; pero disiente de los otros cocolos antes citados, porque él cree que eso de la seriedad de los cocolos es solo una prédica cosmética, aunque muy bien intencionada.

“Los cocolos eran serios hasta que se hicieron dominicanos; de ahí en adelante copiaron todas las mañas de los españoles, porque ellos no crecieron en Marte”, sentencia implacable La Vela Gaspar. “A don Charlie McCoy yo lo respeto, porque sé que era ‘hecho de una sola pieza’, como mi papá, pero creo que se le fue la mano un poco”.

“Y ten en cuenta Jabalí, que en eso yo me equivoco, pero muy poco”

Mas luego conversaremos sobre los cocolos que viven en Nueva York, sus diferencias, ¿cuándo vinieron, qué hacen aquí y hasta dónde han llegado? Tengo el compromiso de reivindicar su existencia en estas tierras de Dios; pues a fin de cuenta, es como contar mi propia historia; la historia de mis antepasados, que también fueron cocolos.

15 abril 2017