lunes, 12 de enero de 2015

¡Jamás se debió negociar el intercambio de diplomáticos por delincuentes!...


¡Indignos!

                 
Por: Oscar Medina Calderón


Hace tiempo que los pescadores de Pedernales y de toda la costa Suroeste del país vienen denunciando incursiones ilegales de faeneros haitianos en aguas territoriales dominicanas. Cualquiera que haya estado alguna vez en esa zona y se haya tomado el tiempo de conversar con los lugareños, habrá escuchado sus reclamos que incluyen la falta de acciones enérgicas de las autoridades dominicanas para contrarrestar esa práctica.

Pero ahora sabemos por qué: cuando la Armada actuó y apresó a siete pescadores haitianos en aguas dominicanas, el extremo sur de la frontera se convirtió en una hoguera.

El viernes 2 de enero turbas de haitianos agredieron a miembros del Cesfront y secuestraron a pescadores dominicanos y al personal diplomático que servía en el consulado en Anse -‡- Pitre, un pueblo fronterizo colindante con Pedernales.

Para liberar a los secuestrados fueron necesarias largas negociaciones y finalmente hubo que intercambiarlos por los infractores apresados.

Según los tratados internacionales, las sedes consulares son extensiones de los Estados que representan y de sus territorios. Y es responsabilidad de los países receptores garantizar la integridad física y la vida de los funcionarios diplomáticos acreditados ante los Estados y Gobiernos.

Por tanto, la agresión de esa turba al consulado dominicano en Anse -‡- Pitre constituye, como dijera el Presidente Juan Bosch en 1963 cuando se produjeron agresiones parecidas a la sede de la embajada dominicana en Puerto Príncipe, “un bofetada en la cara de la República Dominicana”.

Pero esos hechos tan graves no recibieron una reacción proporcional por parte de nuestras autoridades.

La respuesta a esa agresión debió ser el envió de efectivos militares a todo lo largo de la línea fronteriza. Y otorgarles un plazo a las autoridades haitianas o a la Misión de la ONU para que entregaran sanos y salvos a los funcionarios dominicanos. Y de no obtemperar, acudir a su rescate... ¡Pero jamás negociar el intercambio de diplomáticos por delincuentes!

Para completar el estropicio, las primeras declaraciones de un alto cargo del Gobierno fueron para minimizar los hechos: “Son incidentes que siempre tienen que lamentarse. Siempre en las fronteras de los distintos países se producen incidentes”. Fueron las palabras del vocero de la Presidencia Roberto Rodríguez Marchena. Y agregó que sucesos de este tipo “suelen ocurrir en las fronteras”.

Posteriormente, el ministro de Relaciones Exteriores informó que el Gobierno había emitido una nota de protesta al gobierno haitiano el mismo día que de la agresión... Habrá que creerle... Aunque el país vino a saberlo una semana después.

Y lo que a todas luces fue un secuestro de personal diplomático, y por tanto una agresión contra el Estado dominicano, el canciller Navarro lo describió como “una situación lamentable en torno a nuestros consulados, que ya resolvimos”. Para luego insistir pidiendo mayor tolerancia al pueblo dominicano con el tema migratorio y las relaciones con Haití.

La misma indignidad que ha caracterizado nuestras relaciones internacionales en los últimos tiempos. El mismo tipo de declaración timorata. La misma cobardía con la que actuamos cuando turbas atacaron la sede consular en Juana Méndez, o cuando han sido atracados y secuestrados camioneros y comerciantes dominicanos en Haití. El mismo temor a expresarnos cuando hemos sido difamados internacionalmente o cuando los funcionarios haitianos han violado sus compromisos burlándose de nuestras autoridades.

Por eso Fritz Cineas, embajador de Haití en República Dominicana, se atreve a hablar como lo hizo en el mismo Palacio Nacional. No sólo minimizando los incidentes, sino que acusó a la prensa de “exagerar las cosas”.

Cineas tuvo el tupé de responsabilizar a la prensa dominicana de incentivar la confrontación entre ambos países atribuyéndole la intención enturbiar las relaciones dominico-haitianas.

Y en lugar de disculparse, negó el secuestro de la misión consular dominicana en Anse -‡- Pitre.

Un atrevimiento imperdonable del señor Cineas, pues esa agresión alevosa no fue un invento de la prensa. Lo que contaron los diarios y las televisoras pasó. Y a diferencia de los medios haitianos --con Le Nouvelist a la cabeza-- los dominicanos no difunden el odio, no divulgan falsedades y no promueven la violencia hacia los haitianos.

La prensa dominicana siempre ha apostado por la buena convivencia entre haitianos y dominicanos, como una legitima expresión de los valores de este pueblo. No instiga al maltrato a los migrantes ni atribuye las culpas de los problemas dominicanos a la migración masiva y descontrolada del tipo que promueven los medios y las élites haitianas.

Y mucho menos inventa... Porque no son inventos las agresiones y vejámenes que constantemente sufren los dominicanos en la frontera o en territorio haitiano, sin que ese gobierno se haya pronunciado condenando esos hechos, y mucho menos haya sometido a la justicia a los maleantes que han secuestrado pescadores, transportistas y comerciantes dominicanos.

Algo que quizás pudiera explicar Cineas si admitiera sinceramente que su país nada puede hacer porque sus autoridades son ilegítimas, que carece de estabilidad económica y política, que es un pobre conglomerado social víctima de unas elites que les someten a la más abyecta e inhumana pobreza material y espiritual, y que son incapaces de articular un proyecto de nación que les impulse al desarrollo. Y que por eso se presentan como los menesterosos de la región para mendigar limosnas en lugar de trabajar y echar hacia delante su país.

Pero no lo admite ni lo aceptará jamás, porque Cineas forma parte de esas élites gobernantes desde los tiempos de Jean-Claude Duvalier, un dictador, asesino y ladrón con quien colaboró llegando a ocupar importantes puestos en el cuerpo diplomático desde donde defendíaa capa y espada “el duvalierismo más puro”.


Pero el culpable no es Cineas porque esa vergüenza de embajador es 
simplemente un digno representante de su patético gobierno... La culpa es de las autoridades dominicanas que se lo permiten... Pues en un país que se respete, por menos de ahí lo habría echado de mala manera.


Pero eso sería en un país con dignidad, con un gobierno que defienda su soberanía y se haga respetar. Lamentablemente ese no es nuestro caso...

¡...Porque algunos de estos funcionarios son tan indignos como ese embajador!.



Puntos de vista/Listín Diario
12 Enero 2015