lunes, 15 de septiembre de 2014

La mayor responsabilidad nacional de los dominicanos es mantener inalterable el Estado nación de 1844




El choque de dos realidades

Por Manuel NÚÑEZ Asencio
 
Primera realidad.  La muerte de una nación
En su notabilísima obra Colapso (Barcelona, Debate, 2007)  Jared Diamond le dedica un extraordinario capítulo a los dos países que comparten la isla de Santo Domingo o La Española. La tesis central del libro se centra, sin embargo, en los factores que podrían provocar la muerte de una nación. Varios de estos elementos pueden observarse  primero, en la muerte del Estado haitiano. Y, postreramente,  en la disolución de su sociedad.

1.   El primer factor es  la destrucción de la base material. Una porción importantísima de naciones han desaparecido, cuando se ha destruido la base material de sustentación de las poblaciones. Una devastación del medio ambiente que anule la agricultura, que haga desaparecer los ríos y la pesca; todas esas circunstancias se han reproducido
    copiosamente en el territorio haitiano. En 1945, según consta en el Informe de las Naciones Unidas,  la superficie boscosa de Haití alcanzaba el 15% del territorio. En aquel punto y hora, la situación era ya desesperada. Hoy, la devastación que va viento en popa ha reducido la capa boscosa de ese país a menos de 1%.(véase los informes de la FAO).

2.   El otro factor  que influye en esa desintegración  son las repuestas de esa sociedad.  El comportamiento de sus instituciones políticas, económicas y sociales prolonga esa agonía.   Están comprometidos  con los valores y las  prácticas que han producido el desastre .  Es una variable infernal.  Sus carencias de energía  hace que su población destruya brutalmente el territorio. Su riqueza se reduce drásticamente;  su   población crece a un ritmo de 3%; supera con creces las posibilidades de producir riqueza. La sociedad queda atrapada en un estadio de degradación  permanente.
3.  El tercer factor es la  muerte del Estado.  Desde el 2004, no hay en Haití un polo de autoridad que sea el resultado del esfuerzo del gobierno propio. La estabilidad, la paz social y la seguridad de los funcionarios corre  por cuenta de  la MINUSTAH. No existe un sistema organizado de cobro de impuestos, de respeto de los derechos de propiedad ni de fomento de la riqueza pública o privada.  No hay un sistema de identidad nacional, y no resulta posible emprender ninguna tarea de recuperación, de reconstrucción o de transformación social sin que se tenga que apelar a la injerencia extranjera. El Estado no provee, en puridad, ningún tipo de servicio;  sus presupuestos son completados con la ayuda internacional. No está en capacidad de enfrentar ninguno de las calamidades que azotan a su país: ni la deforestación, ni el analfabetismo, ni rosario de enfermedades que se ensaña con su población ni el hambre ni el desempleo,  no puede transformarse en fuente de seguridad, libertad y felicidad para su pueblo.


En  Colapso Jared Diamond llega a conclusiones que no pueden echarse en el olvido.

 “¿Cómo se presenta el futuro de Haití? Aun siendo ya el país más pobre y uno de los más superpoblados del Nuevo Mundo, Haití, sin embargo, parece estar esforzándose por volverse aún más pobre y más superpoblado, ya que la tasa de crecimiento de la población asciende a casi un 3 por ciento anual. Haití es tan pobre y tan deficitario en lo que se refiere a recursos naturales y a recursos humanos cualificados y con la formación adecuada que resulta difícil realmente ver qué podría reportarle alguna mejoría. Aun cuando se recurriera al exterior para que otros países colaborasen facilitando ayuda procedente de gobiernos extranjeros, iniciativas no gubernamentales o iniciativas privadas, Haití carece incluso de la capacidad de aprovechar la ayuda exterior de forma eficaz. Todos aquellos a quienes conociendo Haití les pregunté (…)La mayor parte de ellos respondían simplemente que no veían esperanza. Quienes veían alguna esperanza empezaban reconociendo que eran una minoría y que la mayor parte de la gente no veía ninguna esperanza “ ( Colapso, pág. 290)

Segunda realidad.  Exportar los problemas a República Dominicana

        Consecuentemente,  entre los factores que pueden, a su vez, provocar la muerte de una sociedad  está el ser arrastrada, por vecinos hostiles, sociedades en descomposición  que vuelvan cenizas todos los progresos del vecino. Nuestra sociedad,  todo lo que nos resulta hermoso y le da sentido a nuestras vidas,  corre los mismos riesgos de muerte, conforme a la tesis de Diamond.(  “ ¿ Por qué colapsan las sociedades? ”).


         Los grandes problemas de Haití se han trasladado a la República Dominicana.  La inmigración masiva destruye la cohesión nacional. Convierte el territorio en un campo de Agramante de poblaciones rivales. Anula los progresos. ¿Cómo puede desarrollarse una sociedad en la que los intereses no son los mismos? Los héroes de una comunidad son los verdugos de la otra.

         En medio de la incertidumbre y la confusión, surgen voces que tratan de convencer al mando político de que vivimos una época postnacional. Idea extraída del vertedero de las ciencias sociales, ocurrencia del filósofo alemán Jurgen Habermas, una fabulación que ha sido desmentida brutalmente por la realidad.  Desde 1945, fecha en la que había 70 Estados reconocidos al día de hoy donde constan en la Asamblea 198 Estados, la realidad no para de demostrar lo contrario. Aquellos Estados federados de los Balcanes, unidos por varios siglos de trato y unidad políticas, terminaron separándose dando nacimientos a seis nuevos Estados. La federación Checoeslovaquia, que no se hallaba dividida por rivalidades históricas ni étnicas ni políticas se convirtió en dos Estados  independientes. Aquellos que de manera subrepticia o a las claras propugnan por una fusión entre Haití y la República Dominicana debían tener presente estas lecciones históricas.

         La mayor responsabilidad nacional de los dominicanos es mantener inalterable el Estado nación de 1844. La lealtad a los próceres de nuestra Independencia, al esfuerzo de todas las generaciones pasadas, a la historia, a la lengua y la cultura del pueblo dominicano.

¿Quién  tiene la obligación de defender las instituciones , nuestra soberanía y nuestra Independencia nacional? ¿ Quién está llamado a proteger los empleos, las escuelas, los  hospitales y todas las conquistas sociales del pueblo dominicano? ¿quién, ante una embestida diplomática sin precedentes contra nuestro país,  tiene que salir al frente, defender a capa y espada los intereses nacionales y devolverle la dignidad a la nación?.

El Gobierno nacional. De no hacerlo, se produciría una deslealtad y una traición imperdonables al pueblo que representa. Muchos de los que se hacen de la vista gorda ante lo que está pasando tienen sus casas en España o en Estados Unidos, pero el pueblo dominicano, tiene sus esperanzas colectivas colocadas exclusivamente en la República Dominicana. Debe preservarla cueste lo que cueste. Es lo único que tenemos.









lunes, 8 de septiembre de 2014

El Gobierno de Martellly-Lamothe es la representación de un Estado inexistente


Lecciones de un fracaso histórico

Por Manuel Núñez Asencio

       Después de más de sesenta años de un pésimo desenvolvimiento económico y social, han llegado a territorio haitiano algunos vendedores de milagros. Tras las diversas conferencias internacionales para llevar a cabo la reconstrucción de ese país luego de la catástrofe del 2010, se implantaron en esa nación  dos  jefaturas:
1. El Gobierno de Martellly-Lamothe que mantiene formalmente 
la representación de un Estado inexistente;

Bil Clinton y su carnal Jean-Max Bellerive


2. El Gobierno Clinton-Bellerive que tenía a su cargo la reconstrucción de las infraestructuras: Palacio Nacional, Ministerios, poblaciones arrasadas. Ninguno de los dos ha desplegado una estrategia de recuperación. Las infraestructuras brillan por su ausencia. La salud pública sigue en desorden, apenas cubre el 10% de la población; la educación pública llega coberturas mínimas que rondan un 12%. Los empleos de la reconstrucción; las grandes inversiones prometidas en las conferencias de donantes que se calcularon en   10.000 millones de dólares se han desvanecido.
Una vez concluida la recaudación  de la ayuda internacional, los responsables del Gobierno no sabían por dónde empezar. Estaban perplejos.  Se vivió en las contradicciones  de  la boda del  piojo y la pulga. Cuando no falta el vino, falta el padrino… De poco sirve el pensamiento racional de las eminencias grises como  Paul Collier, Jeffrey Sachs o  Muhamed Yunus. Todos presuponen que a los haitianos les interesa recuperar su país, que se levantarán de las cenizas de la destrucción como se levantó Alemania, tras el paisaje de tierra arrasada dejado por  la Segunda Guerra Mundial.
·       El primer error garrafal es la creencia de  que  los haitianos están comprometidos con la recuperación de su territorio.  Ni sus dirigentes económicos ni su clase política se hallan dispuestos a pagar el  precio de semejante empresa. Ambos consideran que el esfuerzo es demasiado grande.  Para estos, la solución de Haití se halla en colonizar a la República Dominicana.  Una vez que la idea toma cuerpo,  toda  la maquinaria diplomática haitiana, en conciliábulo con las ONG que viven de la miseria de esta población ,  con los organismos internacionales que no han hallado  una salida  tras  diez años  de ocupación militar de la MINUSTAH, se proponen, entonces,  desmantelar el proyecto nacional  dominicano.  En esa tarea han asociado a un grupo de dominicanos traidores al ideario del fundador de la República, peones del intervencionismo internacional.

·      Hay, desde luego, otras figuras relevantes que siguen creyendo en la solución haitiana. Pero no saben por dónde empezar. ¿Cuál es la prioridad de esa nación se han preguntado los más eminentes  expertos del mundo?  
1.                    Unos dicen que  la recuperación económica. Convertir a  ese país en una gran zona franca internacional, aprovechando los beneficios de la Ley Hope II. Muy bien. Pero hay obstáculos insalvables. No hay infraestructuras. No hay carreteras; el costo de kilovatio/hora supera los 19 centavos del dólar; no existe un catastro que proteja el derecho de propiedad de los inversionistas. La corrupción de los funcionarios impone un papeleo gigantesco, demencial, capaz de exterminar la paciencia de Job. Y, ¿cómo darle empleo al 70% de  todas las personas en edad de trabajar?.
   Porque este país, además, de ser el Estado más pobre del continente; entre los Estados fallidos se lleva las palmas en desempleo. (Foreing Policy, )
Por otra parte,   el Gobierno Clinton-Bellerive ha tenido pocos resultados. No hay proyectos claros. Las soluciones económicas no rebasan el asistencialismo. Al final,  el país no puede andar con sus propias fuerzas. El plan económico tropieza y se estanca. Desde luego, la solución  no es meramente económica. Y, en lo que el hacha va y viene, ¿qué hacer con la degradación del medio ambiente?
Haití consume seis millones de metros cúbicos de madera por año, para mantener el fuego de sus cocinas. En 1949,  el país tenía una cobertura boscosa de un 15%; hoy, se ha reducido a menos del 1%,  según la FAO. Sus necesidades se han trasladado a los parques nacionales de la República Dominicana.  Algunos optimistas, proclaman que hay que buscar petróleo. Que en Haití hay minas gigantescas. Y ya hay una buena cáfila  de aventureros que  se han adueñado de las concesiones. Pero todas las esperanzas están centradas  en las  ilusiones del que tiene un billete de lotería premiado.  Por el momento, no hay recursos naturales para financiar el despegue del país. Su mayor recurso son sus muertos. Los aplastados por el terremoto, los muertos del cólera. Son ellos los que pueden golpear la conciencia del mundo, y hacer llegar la ayuda internacional. El empleo constante de la victimización sustituye la responsabilidad de los dirigentes políticos. Sin embargo, la recuperación económica de ese país ha fracasado radicalmente.  Desde hace cuarenta años el Producto Bruto Interno de ese país  va en caída libre.  La riqueza disminuye; la población va en crecimiento galopante; el 56%  de la población vive con menos de un dólar; la destrucción el medio ambiente continúa; no hay progresos  apreciables.  Todos los
esfuerzos económicos han sido insuficientes, ¡y no puede pensarse que la MINUSTAH se mantendrá en ese territorio  per secoula secolorum!  (para toda la vida). En algún momento, habrá que traspasarle esa responsabilidad internacional a los haitianos. ¿Cómo?, ¿cuándo?

·      Shlomo Ben Amí, ex canciller de Israel, ha planteado que
Shlomo Ben Amí
la prioridad es la construcción del Estado haitiano
.  ( “Haiti´s State Building Challenge”, 3/6/10, P.S).   La creación de un Estado que saque a ese país de una mentalidad de asistidos sociales, que lo rescate del aislamiento político,  del infantilismo colectivo. Que  cree las condiciones económicas para recaudar impuestos, fomentar la riqueza y proveer a la población de los servicios de educación, salud y seguridad. Que obre como un miembro activo de la comunidad internacional. Que restablezca el polo de autoridad que antes encarnaba el Ejército, y que ahora se halla en manos de la MINUSTAH.
¿Cómo se construye un Estado?  Tras la Segunda Guerra Mundial , las Naciones Unidas apoyaron el proceso de descolonización de África y de Asía e intervinieron en la creación de muchos Estados. Al momento de fundarse el máximo representante de la Comunidad Internacional, había unos 70 Estados; hoy la organización incluye 198 Estados. Hay, pues, sobrada experiencia para llevar a cabo una solución que no les traspase a los dominicanos las fatales consecuencias de la desintegración del Estado haitiano. En la conferencia de Montevideo del  26 de diciembre de 1933 se hallaban descritas las misiones del Estado.
1. Tener control de un territorio deslindado y reconocido;
2. Ocuparse de su población y
3. Tener un Gobierno propio, que mantenga relaciones formales con otros Estados. Sobre esas bases debe conducirse la diplomacia dominicana.
Los haitianos han empleado a las poblaciones que se han desplazado a República Dominicana como elemento definitorio de su política exterior,  para justificar la aventura de deshacer la soberanía dominicana. Nuestro país  no puede transformarse en la tabla de salvación de esa población extranjera, sin al mismo tiempo, correr el riesgo de hundirse. 
Poco les importa a los haitianos y a las ONG que promueven su implantación en nuestro país, los males sociales de nuestra población. En esos cálculos se olvida que los dominicanos de esta generación tenemos  el compromiso de sacar a nuestros compatriotas del desempleo, de la insalubridad, de la miseria, de la falta de instrucción,  de las desigualdades y de la falta de oportunidades.
Tres factores deben observarse para evitar que el colapso del Estado haitiano,  una sociedad que no puede gobernarse por sí misma, nos lleve a un abismo de situaciones que creíamos superadas.    
1.Que la superficie boscosa de  nuestro país no siga siendo plataforma para satisfacer las necesidades haitianas.
2, no podemos permitir que la inmigración ilegal, desbordada, destruya todos los progresos del pueblo dominicano. Ninguna nación está obligada a comprometer todas sus conquistas sociales para salvar a otra.
3.  Que tampoco puede aceptarse que el derecho al gobierno propio, la soberanía nacional, sea regalada a otro pueblo, destruyendo, de este modo, la cohesión nacional, la unidad esencial del pueblo dominicano.  La desgracia ajena no puede ser pretexto para destruir la felicidad nuestra. Estamos en un momento histórico de vida o muerte. Y  cuando eso ocurre, no hay que omitir medios para mantener  cueste lo que cueste el principio sagrado de la legítima defensa.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La visión de un Estadista Dominicano


El Imperialismo Haitiano


  Por  Joaquín  Balaguer
Publicado en la Información,  Santiago, en el año 1927.                                                                                            


Joaquín A. Balaguer Ricardo
Hay, para la vida de nuestra entidad republicana, un peligro más grave,  que es la vecindad del imperialismo en la expansiva absorción, prodiga en acechanzas del imperialismo anglo- americano.

Es menos alarmante para la salud de la Republica el soplo imperialista que nos llega de Estados Unidos,  que el oleaje arrollador del funesto mar de carbón que ruge, como león encadenado, en el circuito que opone a sus sueños de expansión la inmutabilidad legal de las fronteras.

Hasta ahora solo nos ha preocupado el imperialismo anglo-americano.

Pero el imperialismo de Haití, irritante y ridículo, tenaz y  pretencioso, conspira con mayor terquedad contra la subsistencia de nuestro edificio nacional, digno, sin duda, de más sólida y firme arquitectura.

Haití como manifiestamente lo demuestran sus vinculaciones históricas con la Patria Dominicana, es una nación esencialmente imperialista.

Todos los mandatarios de aquel país vecino han tenido y tienen todavía la obsesión de abatir la Republica con el acero de sus espadas imperiales.

El sueño de la isla una e indivisible es una pesadilla que ha echado hondísimas raíces en el África tenebrosa de la conciencia nacional haitiana.

Somos pueblos vecinos pero no pueblos hermanos.

Cien codos por encima de la vecindad geográfica se levantan,  en la disparidad de origen y los caracteres resueltamente antinómicos que nos separan en las relaciones en la cultura y en las vindicaciones de la historia.

De ahí que no creamos en la mentirosa confraternidad dominico-haitiana.

En el palacio Presidencial de Haití han habitado y habitan los peores enemigos de la viabilidad de nuestro ideal Republicano.

Por eso, la obra de más empeños cívicos, después de la creación de la Republica, es y será la colonización del litoral fronterizo.

Si por algo de pasar Horacio Vásquez con resplandores de inmortalidad al libro de la historia, es por la colonización de las fronteras.

Esa es la obra más llamada a dar a nuestra nacionalidad vida imperecedera.
La Republica está bajo la  amenaza de dos imperialismos igualmente malditos: el angloamericano y el haitiano.

Contra el primero hay que oponer las ejecutorias ejemplares de su existencia ciudadana absolutamente abyecta sujeta a los postulados y a  las normas de una moral política llamada a hacer perdurar en la historia nuestra entidad Republicana.

Pero contra el imperialismo haitiano, lo que necesitamos es realizar una completa y científica colonización del litoral fronterizo y establecer el servicio militar obligatorio para que cada ciudadano pueda ser un baluarte, desde cuyas almenas se alce la bandera de la Republica desplegada a todos los vientos por la grandeza del derecho armado…..


lunes, 1 de septiembre de 2014

La patria es raíz y sentido de la vida, luz del alba, bandera tricolor que digna tremola los cielos.


La Nacionalidad Dominicana, en la picota


Por Manuel NÚÑEZ


Durante varios siglos, era costumbre exhibir las cabezas de los condenados  y de los reos en unas columnas de piedra, llamadas picotas. Era una forma de escarmiento y de lección moral, practicada en tiempos ya remotos, que el progreso de la justicia,  ha echado en el olvido y ha suprimido, afortunadamente, de las plazas coloniales.  De ahí nació la expresión poner en la picota. Es decir, provocar la demolición moral, echar por tierra el prestigio y el honor de una persona  o de un país.

En muchos dominicanos, la imagen que tienen de la picota es la de la  banqueta de picar la carne o de destazar a los animales.  No andan lejos de la realidad.

En las últimas semanas, las autoridades dominicanas, contraviniendo  el dictamen de la Sentencia 168/13, que establecía que a todos los descendientes  de padres extranjeros que se hallaren inscritos  irregularmente en el Registro Civil no le correspondía la nacionalidad dominicana. Tal como es norma imperante desde México hasta Chile. En contraposición  a esa norma que vincula a  todos los poderes públicos,  el Poder Ejecutivo promulgó la Ley 169/14 que manda a la Junta Central Electoral a entregarles a todas las personas que se hallan en la circunstancia  de la señora Deguis Pierre, actas de nacimiento,  cédulas de identidad y electoral y pasaporte.

Hasta ahora la Junta Central Electoral ha quebrantado un millar de veces las disposiciones establecidas en la Sentencia 168/13. Y al parecer,  el procedimiento  continuará pisoteando esas
disposiciones miles de veces más. Según las disposiciones de la Sentencia, esas personas debieron agotar un proceso de regularización. Y, en caso de desearlo, solicitar la naturalización, con arreglo a las leyes vigentes.

Dos grandes errores se han cometido con esta medida que descuartiza la nacionalidad dominicana.

1.  Se le entrega la nacionalidad  dominicana a extranjeros sin arraigo nacional, que, en muchos casos desprecian nuestra historia, se burlan de nuestros valores, incumplen nuestra Constitución y nuestras leyes, y andan en conciliábulo con poderes extranjeros para hacer naufragar nuestra soberanía nacional;
2. Los haitianos con papeles dominicanos carecen de lealtad al país. Su propósito es traspasarle los derechos adquiridos a sus familiares con los cuales se hallan  hermanados por vínculos consanguíneos.

  1.  Naturalizar extranjeros sin arraigo nacional

En la mayoría de las naciones,  para incorporar mediante la naturalización a un extranjero, se le exige un protocolo de arraigo en la sociedad a la que  desea pertenecer.
1. Residir legalmente en el  país;
2. Leer, hablar y escribir la lengua de la sociedad a la que se quiere pertenecer;
3. Demostrar el conocimiento de la  historia, de la  cultura  de la  sociedad que lo acoge.   Venerarla,   y adoptar como suyos sus símbolos patrios (bandera, himno nacional, monumentos, efemérides nacionales etc.) .
 4) respetar su Constitución y sus leyes y sus valores;
 5.  No tener antecedentes judiciales;
 6) renunciar a la lealtad a otros Estados y a otras sociedades
 7) no representar un riesgo a la seguridad nacional ni a la continuidad del  Estado.
 Todos estos procedimientos  concluyen con una ceremonia de juramentación. En muchos casos,  el compromiso queda refrendado en el libro de los deberes y derechos del ciudadano. En todos los casos, los extranjeros naturalizados se comprometen a defender a la nación, incluso con las armas, si ésta entrare en guerra o conflicto. En todos los casos, se les prohíbe atentar contra los intereses fundamentales de la nación. Así acaece en Estados Unidos, Canadá, Francia, España, e incluso en Haití.

 En  artículo 22 del decreto de 6 de noviembre de 1984 que establece el procedimiento de naturalización en Haití se obliga a los candidatos  a pronunciar  el juramento siguiente “Yo renuncio a toda otra patria que no sea Haití”.

Lo que demuestra que los haitianos defienden con más ardor su territorio y su nacionalidad que los dominicanos el suyo.
 La nacionalidad  dominicana ha sido colocada en la picota. Ha entrado en un proceso de demolición.  Ya no se basa en el respeto a la Constitución y  en las leyes; ni se fundamenta en el mérito, ni en el cumplimiento de los deberes ciudadanos, sino que se distribuye gratuitamente a aquellos que se han propuesto, conscientemente, destruirla.

  2.  El rechazo de la lealtad al país

La  nacionalidad implica derechos y deberes.  Todos los dominicanos tienen derecho a participar en la dirección de la cosa pública, ya sea directamente, o mediante la elección de representantes  ejercida en el sufragio universal.  Los ciudadanos pueden, igualmente,  acceder a las funciones del Estado,  disfrutar  de los bienes y los servicios públicos, trabajar en condiciones de igualdad ; tomar parte en la vida cultural y en la promociones de las tradiciones y valores nacionales.

   Los ciudadanos tienen, además,  deberes que   les exigen todas las sociedades.  Están llamado a defender el interés general: el medio ambiente, la cultura que nos une;  a enfrentar todas las amenazas que comprometan la seguridad del Estado, solidaridad entre los nacionales, la Independencia y la integridad territorial de la patria.  Están llamados  por la Constitución y las leyes a mantener relaciones de lealtad con el Estado y con la nación, a  no apoyarse en otros Estados y en poderes transnacionales para desacatar sus leyes y agredir  a sus instituciones.

 A todos esos deberes faltó la señora Julienne Deguis Pierre, cuando se convirtió en instrumento de los propósitos de la Misión de ACNUR  y del señor Gonzalo Vargas Llosa que se ha propuesto traspasarle al país las obligaciones jurídicas  con ciudadanos de otro Estado. Esos haitianos con papeles dominicanos son la avanzadilla de la campaña tomando nuestro territorio (TNT).

¿Qué ocurre cuando los individuos que obtienen la nacionalidad , en esas condiciones, no consideran un deber defenderla, respetar su bandera, su Constitución y sus leyes?
Se produce una ruptura de la cohesión nacional.

El pueblo dominicano tiene derecho  al ejercicio de su autodeterminación, a determinar libremente su desarrollo económico y social. Cuando un pueblo es oprimido o dominado por otro, tal cual ocurrió de 1822 a 1844, con la ocupación haitiana,  tiene derecho a la Independencia,  a libertarse de la dominación extranjera, ya sea de orden político, cultural o económico.  

Hoy como ayer,  la trinchera del honor,  de la que habló el glorioso coronel Caamaño, está en defensa de la soberanía nacional, en la defensa de la Sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional, en la defensa de nuestra nacionalidad y en evitar que la nación entera pierda el control de su territorio, de sus empleos y de su porvenir.

  Por más cuentos que nos cuenten, por más dialéctica que empleen, el pueblo dominicano no va  aceptar que Haití imponga su voluntad en la Republica Dominicana. No vamos a aceptar que se desmantele la Independencia nacional fundada por los gloriosos Trinitarios en 1844. Sólo el patriotismo salva a los pueblos  de la destrucción, promovida por los traidores y  por la colonización extranjera. A los dieciséis Martí definió en Abdala, la fuerza invencible del patriotismo.

El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra, Ni a la yerba que pisan nuestras      plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, Es el rencor eterno a quien la ataca;