jueves, 19 de abril de 2018

¡Ay Tana!, la Maricutana/ ¡Ay Tana!, la Maricutana/ Me picó una avispa/...

La Maricutana de Reyes Alfau


Fue un arreglista muy sutil, profundo, y al mismo tiempo simple. Profundo porque demostraba gran conocimiento armónico y excelente concepto acerca de cómo escribirle
a los instrumentos; y sencillo, porque sus ideas las asimilaba cualquier persona aun sin tener conocimiento de música. Al escuchar las grabaciones de los artistas que interpretaron su música podemos darnos cuenta del inmenso caudal de sentimientos y conocimientos que impregnaba este genial músico a sus trabajos. Fue saxofonista, gran compositor que a través de sus letras supo poner muy alto al país, puesto que sus canciones fueron interpretadas por destacadas figuras nacionales y extranjeras.


Formó parte del grupo de esas excepcionales estrellas, que
con sutalento innato dio un brillo especial a nuestra música.
Su virtuosismo era tan grande que tenía la osadía de poder

orquestar de un día para otro un repertorio. Radhamés Reyes Alfau era conocido por su sentido del humor, su responsabilidad y su excelente trabajo. Su trabajo fue ampliamente en Puerto Rico, país en el que vivió durante muchos años. Allí trabajo con Bobby Capó, Gilberto Monroig, Yolandita Monje, Nidia Caroy El Gran Combo.




Por: José Del Castillo Pichardo

Onorio Montás –quien creció en el barrio de San Juan Bosco junto a su querida madre y hermanos- lo recuerda perfectamente en los años 50,cuando el saxofonista, director y arreglista de planta de La Voz Dominicana residía en la avenida Francia esquina Rosa Duarte. En un edificio de cuatro apartamentos, Reyes Alfau vivía en la segunda planta. Allí, en el silencio de la noche de una ciudad que cenaba a las siete, se recogía a las diez para arrancar a las siete del día siguiente, practicaba el saxofón y armaba sus arreglos este músico de oficio. Introvertido lo recuerda el memorialista, concentrado en lo suyo. Debajo, en la primera planta, ocupaba un apartamento la familia de Fantina Sosa –quien estudiaba entonces en el Colegio María Auxiliadora y practicaba el piano en las tardes, la hermosa y talentosa madre de nuestra Tania Báez. Un músico de la San José rentaba otro de los apartamentos.

En el vecindario, el buen amigo Manolín Peña, los Dipp, Pappaterra, Perallón, Plinio Pina Peña, los Muñoz, las Perrota, los Catrain Bonilla, Monina Solá, los Aybar Castellanos, Luis Chanlatte Baik, los Caro, Bonetti, Mario Medina, los Schotborgh, Vilalta, Mejía, D’Alessandro, Cordero, Gazón, los de la Casa Vapor. Johnny Morales, mi compañero de colegio. El Hospital Internacional, una institución pionera y meritoria. La Cruz Roja y el Banco Nacional de Sangre. Los colegios Don Bosco y Ma. Auxiliadora. A Onorio le parecía un banilejo, blanco con su pelo negro brilloso y sus bigoticos bien arreglados. Caminaba –todos caminábamos, hasta Trujillo lo hacía en su caminata diaria por la Gómez y el Malecón- por las calles del barrio rumbo a su centro de trabajo, llevando debajo su portafolio de arreglos musicales. La casa de Víctor Ruiz, saxofonista de la San José residente en la calle San Juan Bosco, era punto de encuentro de Reyes Alfau, Papa Molina y el trompetista Manolo Pacheco. 

El feliz autor de La Maricutana que le encantaba a mi madre, nació en Mao en 1923,
Radhamés Reyes Alfau
recibiendo formación académica con los maestros Emilio Arté y Gabriel del Orbe.
 En la versión de la rumbosa orquesta de Napoleón Zayas, resuena esa Tana, la Maricutana de mi niñez lejana. “No vuelvo a pescar/ una noche clara/ Se me fue la liza/ después de agarrarla/¡Ay Tana!, la Maricutana/ ¡Ay Tana!, la Maricutana/ Me picóuna avispa/ me picó una araña/ A que no me pica/ la Maricutana”. Y yo veo a Fefita graciosa y juguetona, bailándola, cantándola, dando palmadas alegres, regocijándose con Tana, la Maricutana. En actuación para su pequeño, que era yo. Interpretada por todo el mundo, Damirón y Chapuseaux, Billo Frómeta, Alberti, Morel, Solano, Toño Rosario, Toros Band, Juan Colón & Manuel Tejada. Beltrán, Joseito Mateo, Benny Moré, Francis Santana.

Reclutado por La Voz Dominicana en la que actuó como saxofonista de la Orquesta Melódica y donde creó la Orquesta de Saxofones que dirigió, su talento lo llevó –como a Bienvenido Bustamante y a Papa Molina- a formar parte del exclusivo elenco de arreglistas de esa empresa. “Su virtuosismo era tan grande que tenía la osadía de poder orquestar de un día para otro un repertorio. Esta hazaña la hizo cuando arregló ocho canciones. En eso, indudablemente, que era un genio”, nos refiere Rafael Solano, quien compartió con Reyes Alfau la producción del Lp conmemorativo del 75 aniversario de E. León Jiménez, en la que participó también como orquestador el trompetista Héctor de León (Cabeza). En La Voz Dominicana, me observa Fabio Herrera Roa, armó una producción especial de merengues con la participación de Isidoro Flores, las Hermanas Cruz y Tavito Peguero, en la que destacan los audaces acoplamientos de los metales, particularmente los trombones.

Un hito inicial en su carrera internacional fue el exitoso portafolio de arreglos que se llevó Alberto Beltrán a La Habana en 1954. Todas composiciones dominicanas que grabaría con la Sonora Matancera: Aunque me cueste la vida de Kalaff, El Negrito del Batey de Díaz y Guzmán, Todo me gusta de ti de Estévez, Ignoro tu existencia de de la Mota, Te miro a ti de Bodden, Enamorado de Balcácer y El 19 del propio Reyes Alfau. Con los conjuntos de Fellito Parra y Casino, Beltrán llevaría al acetato los boleros Nuevas Ansias y Te doy mi amor, así como el merengue La amanezca, de nuestro autor. Con una orquesta dirigida por Billo Frómeta ensamblada por Bebo Valdés en La Habana, grabó Alberto Beltrán en 1958 Fiesta Cibaeña y A tu lado, ambos temas de Reyes Alfau.

Anunciado por los metales vibrantes de la Sonora y acompasado por el piano rítmico de Lino Frías, con su voz de pregón dulcero, Tiburón Beltrán disparaba la lírica de Reyes Alfau: “Oye/ lo que quiero decirte/ fechas hay en la vida/ que nunca podemos/ jamás olvidar/ Esa/ lo sabes alma mía/ la llevaré prendida/ en mi ser como ayer/ Aquel 19 será/ el recuerdo que en mí vivirá/ Ese día/ qué feliz, tan feliz/ Esa/ lo sabes alma mía/ la llevaré prendida/ en mi ser como ayer.” En 1959, el estelar cubano Vicentico Valdés consagró el bolero filinesco Te diré muchas cosas (“que me brotan del alma/ y tu comprenderás mi adoración/ que cada día tú/ me gustas más”).

En 1955 registra en la Peer Amor de mi Alma, Dilo, Rincón de paz, Siglo XXI, Easy and Slow (letra G. Thorn), Gratey. En 1956 La amanezca–con Mantente bronco, Plegaria, Tu partir. Una versión instrumental era utilizada por La Voz Dominicana en su
Radhamés Reyes Alfau
programación
 como intermedio, señal de identidad musical de la planta tele radiodifusora, al igual que otras de sus creaciones. De belleza exquisita. Al escucharla, se podía palpar el despertar en la campiña, con la sucesión de sonidos que anunciaban el despuntar de un nuevo día. Rumor creciente de voces de la naturaleza, acopladas y plasmadas en partitura por el talento especial de este músico raigal. Luis Kalaff y sus Alegres Dominicanos la llevaron al disco, también Dioris Valladares para el sello Ansonia. Contrapunto de jaleos de saxofones y golpes de tambora. “Consuélame Consuelito/ Anda pronto mi amorcito”.

Al advenir los días convulsos de la transición tras Trujillo, Reyes Alfau decidió probar suerte en la vecina isla de Puerto Rico en 1962, donde se radicaría por 25 años. Allí impondría su sello de calidad. Se convertiría en el zar del jingle empleado en la publicidad comercial, cotizándose como el mejor. Demandado por artistas variopintos para producir sus discos y por agrupaciones musicales para las orquestaciones. El 21 de noviembre de 1965, el Banco Popular –afincando en las tradiciones boricuas como lo evidencia la formidable serie anual que honra a sus compositores y géneros populares- produjo el homenaje a la música de Rafael Hernández, mientras el autor de Campanitas de Cristal convalecía en el Hospital de Veteranos. Transmitido por cadena de radio y televisión, una orquesta de 28 músicos dirigida por Reyes Alfau ejecutó el programa. Participando Bobby Capó, Myrta Silva, Gilberto Monroig, Ruth Fernández, Carmen Delia Dipiní, Chucho Avellanet, Tito Puente, Raúl Dávila, Los Hispanos, el Coro de la Universidad.

En 1966, la orquesta de Tito Puente, los arreglos de Reyes Alfau y la voz de Gilberto Monroig se reúnen en el disco de larga duración La Combinación Perfecta, en el que se registraron dos piezas de su autoría: Es mentira y No lo niego. Con la muñeca Nydia Caro grabó en 1967 Dímelo tú, primer álbum de la artista newyorkrican. Ese año, salió 
La Combinación Perfecta
otro de Gilberto Monroig, Concierto de Amor, con arreglos y acompañamiento de la orquesta de Reyes Alfau. Con ésta, produjo el LP La Música de Sylvia Rexach-Di Corazón, vocalizando Tato Díaz y Carmen Delia Dipiní, homenaje a la autora de Olas y Arenas, Y entonces y Nave sin rumbo. 

Con Puchi Balseiro, fue responsable musical del LP Tú y mi canción, con la San José dirigida por Papa Molina. Con su propia orquesta, realizó el álbum New Feeling, en el cual la cantautora boricua interpreta el bolero No lo niego del dominicano. Pepe Lara sings with la Orquesta de Radhamés Reyes Alfau, producción con este vocalista de los Chavales de España. El LP Myrta Silva le canta al corazón, con arreglos suyos y de Bustamante, un coleccionable de la Gorda de Oro. En 1968, Billo montó su merengue instrumental Mi Casita, que figura en el álbum Carnaval con Billo.

En pleno apogeo de su carrera, soñaba enfebrecido con regresar a su país, me refiere Francisco Catrain, quien en los 70 residió en San Juan en la pensión de Hazim, al lado del maestro dominicano. Anhelaba el reconocimiento de los suyos. Onorio Montás lo reencontró en Río Piedras en casa de la ballerina Ruth Garrido y su esposo Antón Cruz, donde se reunía con Guillo Carías y Cecilia García. Entonces recibía a Juan Llibre, presidente de Publicitaria Dominicana, quien brindaba servicios profesionales a la Cía. Anónima Tabacalera. Patrocinadora del deporte y los espectáculos artísticos, así como de Los Caballeros Montecarlo.

Papito Moreta, quien fuera cónsul en la Isla del Encanto, recuerda su sentido del humor. Antes, siendo un muchacho, la familia Rivera Damirón compartió una gran casa en la Cervantes con Bolívar, con las familias de Guarionex Aquino y Reyes Alfau, ambos maeños. Frecuentada por Moisés Zouain, padrino de Checheo Rivera. Un consagrado publicista con el cual anduvo de la mano cuando finalmente decidió retornar a su tierra, antes de radicarse en Miami, su última morada.

En el 2006 se cerró el ciclo vital de Reyes Alfau. Tenía 82 años y había sembrado ángeles musicales en las Antillas hermanas, que aún perviven. Sus magníficos arreglos de merengues instrumentales para big band reforzada con violines, como caídos del cielo, pueblan mi memoria agradecida. Una verdadera sinfonía vernácula la de esta orquesta especial. La vieja tambora, mostrando sus músculos tensados en parches sonoros, enseñoreándose en medio del concierto de instrumentos, pautando el ritmo, en fusión creativa. Un sonido limpio, profesional. Nada que envidiar a lo más sofisticado del mercado musical internacional. Hay que relanzar la obra de este maestro maeño, para goce de nuevas generaciones y gloria de la patria grande.


17 NOVIEMBRE 2012

viernes, 30 de marzo de 2018

14 batallas hemos librado por mantener nuestra Indepencia y Soberanía de las invasiones haitianas





































Batallas y Héroes de la Independencia  Dominicana

Con el grito de Independencia, dado en la Puerta del Conde, el 27 de febrero de 1844, terminó la ocupación haitiana de la parte Este de la isla.

En Haití, el presidente Charles Herard, enterado de que los dominicanos habían proclamado su independencia, invadió la parte Este.

Para someter a la obediencia a los dominicanos puso en marcha tres cuerpos de ejército. Uno de ellos venía por Neyba. Otro por la ruta de las Matas de Farfán. El tercer ejército avanzó por el Norte del país.

BATALLA FUENTE DE RODEO

El 13 de marzo de 1844 se produjo el primer enfrentamiento armado entre el ejército haitiano y las fuerzas del pueblo dominicano en la lucha por la defensa de su soberanía nacional. Este enfrentamiento se conoce en nuestra historia como la Fuente de Rodeo,  territorio de la actual provincia de Bahoruco saliendo vencedor el ejército dominicano comandado por el general Fernando Tavera.

BATALLA CABEZA DE LAS MARÍAS

El 18 de marzo los patriotas dominicanos fueron vencidos por el ejército haitiano comandado por el general Souffarnt en las batallas: Las Cabezas de las Marías y en Las hicoteas. El ejército dominicano fue comandado por Manuel de Regla Mota y Lucas Díaz.

BATALLA  DEL 19 DE MARZO


El gran enfrentamiento entre el ejército haitiano comandado por Hérard y el ejército dominicano comandado por el general Pedro Santana y Antonio Duvergé. Dicha batalla tuvo como escenario la ciudad de Azua El 19 de Marzo de 1844, saliendo vencedor el ejército dominicano el cual infirió una de las grandes derrotas que sufrió el ejército haitiano en territorio dominicano. En la misma noche del 19 de Marzo, Pedro Santana ordenó la retirada de sus tropas hacia Baní argumentando que carecía de pertrechos militares. Al quedar la ciudad de Azua abandonada, y las tropas del ejército haitiano darse cuenta de esa situación, ocuparon dicha ciudad.

BATALLA DEL 30 DE MARZO

El 30 de Marzo de 1844 se produjo una  victoria más de ejército dominicano comandado por José María Imbert y Francisco Valerio, contra el ejército haitiano comandado por el general Pierrot. Las tropas haitianas que avanzaban por el Norte llegaron hasta Santiago, después de vencer la débil resistencia que en Talanquera le puso el general Francisco Antonio Salcedo. Este retiró sus tropas hacia Santiago.

El triunfo fue posible por la pericia de Imbert, auxiliado por los generales Achile Michel, José María López, Francisco Antonio Salcedo y Fernando Valerio. Este último con su famosa embestida, conocida en la historia como la carga de los andulleros, con armas blancas hicieron retroceder al enemigo hasta el río Yaque.

En esta acción también se hizo celebre Juana Saltitopa, llamada la coronela, por el entusiasmo que comunicaba a los soldados en medio de la batalla.        

La medida táctica de Pedro Santana, de retirar sus tropas de la ciudad de Azua después de la victoria del 19 de Marzo, trajo como resultado las diferencias entre liberales y conservadores, ya que cuando Santana y sus fuerzas se encontraban en Baní el Patricio Juan Pablo Duarte y Diez solicitó y obtuvo de la Junta Central Gubernativa la orden de asistir al General Santana en su campaña contra Hérard y el de sucederle el mando.

Duarte arribó al cuartel de Santana, en Baní, el 23 de Marzo, y de inmediato surgieron las dificultades, pues mientras el Patricio era partidario de iniciar la ofensiva, Santana rechazó esa sugerencia, e insistió permanecer a la defensiva.

BATALLA DEL MEMISO

Después de la batalla de azua, los haitianos intentaron un avance. El 13 de abril de 1844, los haitianos fueron derrotados en el Memiso por las tropas dominicanas comandada por el general Antonio Duvergé.

BATALLA DE PUERTO TORTUGUERO


La Batalla de Tortuguero fue la primera batalla naval de la Guerra por la Independencia Dominicana y se libró el 15 de abril de 1844 en Puerto Tortuguero, Azua. Una fuerza de 3 goletas dominicanas, dirigidas por el comandante Juan Bautista Cambiaso, derrotó a 3 buques de la Armada Haitiana. Aunque fue un combate menor, determinó la supremacía naval de la República Dominicana sobre Haití hasta el final de la guerra. Terminada esta batalla, nació la Marina de Guerra Dominicana (hoy Armada Dominicana).

BATALLA DE CACHIMÁN


En el mes de abril de1845, ocurre en Haití algunos hechos importantes. Fallece el presidente Guerrin, y asume el mando el general Louis Pierrot.

El nuevo presidente haitiano, al igual que muchos haitianos, pregonaba que la isla era indivisible y solicitaba a los dominicanos integrarse con Haití en una sola nación.

Los dominicanos habían decidido ser libre para siempre; se aprestaron a defender a cualquier costo su independencia.    

El 17 de junio de 1845 comenzó el enfrentamiento entre las tropas dominicanas dirigidas por el general Antonio Duvergé, quien derrotó en la batalla de Cachimán a las tropas haitianas. Luego le siguieron las batallas El Puerto y Las Caobas, el 19 de junio de 1845, donde las fuerzas dominicanas dirigidas por el mismo general derrotaron las fuerzas haitianas. Otros enfrentamientos se escenificaron en Hondo Valle y en Hincha, donde triunfaron las fuerzas dominicanas dirigidas por Fernando Taveras y Valentín Sánchez respectivamente en el mismo año.

BATALLA  DE LA ESTRELLETA

El 17 de septiembre de 1845 se escenificó la batalla de la Estrelleta donde salió victorioso el ejército dominicano, dirigido por José Joaquín Puello, quien tenía como auxiliares a los coroneles Bernardino Pérez y Valentín Alcántara.

BATALLA DE BELER


En la frontera Norte, los haitianos también intentaron un avance. Después de los combates de Las pocilgas y Capotillo, que no fueron favorables a los dominicanos, los haitianos se presentaron con fuerzas poderosas en la Sabana de Beler. Pero aquí el general dominicano Francisco Antonio Salcedo había tomado posiciones y le presentó batalla, propinándole una tremenda derrota. En esta acción bélica Salcedo estuvo auxiliado por el general José María Imbert.

A la victoria de Beler contribuyó también la presencia de la flotilla dominicana que bajo la dirección del almirante Cambiazo se presentó frente a Cabo Haitiano, amenazando con un desembarco. Las tropas haitianas que iban a ser despachadas al campo de batalla, fueron retenidas en territorio haitiano. Por eso en Beler los haitianos fueron derrotados.

BATALLA DEL NÚMERO

En el 1849, en Haití gobernaba Soulouque, con el título de emperador. Este buscaba un pretexto para invadir nuestro país, y lo encontró cuando Francia reconoció nuestro territorio como Nación independiente. Soulouque se preparó para invadir.

En marzo de 1849, Soulouque, organizó un ejército de 15,000 soldados y penetró en el territorio dominicano con la intención de reintegrar nuestro territorio a la República de Haití.    

El 17 de abril de 1849 en el desfiladero del número, situado en la cercanía de Azua, encontró el ejército haitiano su primera resistencia firme de las fuerzas dominicanas, comandada por el general Antonio Duvergé, quien salió victorioso.

BATALLA DE LAS CARRERAS

El 21 de abril de 1849, se produjo el segundo enfrentamiento escenificado en la cercanía de Baní en el lugar denominado Las Carreras,  entre las fuerzas haitianas comandadas por Soulouque y las fuerzas dominicanas comandadas por Pedro Santana, asistido por Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, saliendo victorioso el ejército dominicano.

BATALLA DE SANTOMÉ


A comienzo del mes de diciembre del 1855, las tropas del ejército haitiano penetraron al territorio dominicano por el centro y por el sur de la frontera. La primera tropa al mando del propio Soulouque y la segunda bajo las órdenes del general Garat, Duque de Louque. El ejército haitiano avanzó sobre el territorio nacional durante 21 días sin encontrar resistencia de peso que lo hiciera retroceder. Ya se encontraban en las Matas de Farfán  y en Neyba, y se preparaban para avanzar sobre San Juan de la Maguana y Barahona cuando en su marcha se encontraron  en la sabana de Santomé con las tropas dominicanas comandadas por el general José María Cabral quien los derrotó el 22 de diciembre en las inmediaciones de las Matas de Farfán y san Juan de la Maguana.

BATALLA  DE CAMBRONAL

La Batalla de Cambronal fue librada cerca de Neyba, y uno de los dos combates sostenidos por militares dominicanos contra invasores haitianos para mantener la independencia de su recién creada nación el 22 de diciembre de 1855, y caían los haitianos derrotados a manos de las fuerzas dominicanas comandadas por Francisco Sosa ; el otro combate fue la Batalla de Santomé.

BATALLAS DE SABANA LARGA Y JACUBA

Derrotados en el sur, los haitianos, dirigidos por Faustino Soulouque, iniciaron otra ofensiva por el Norte. Atravesaron la frontera por Dajabón. Pero fueron detenidos el 24 de enero de 1856 en Sabana Larga, donde el general Juan Luís Franco Bidó libró la batalla que puede considerarse decisiva para convencer a los haitianos que no lograrían ocupar de nuevo el territorio dominicano. También fueron derrotados en Jácuba, por los  dominicanos, al mando de Pedro Florentino y Lucas Peña.





Batalla del 30 de marzo: Se conmemora el 174 aniversario de la derrota haitiana de una de tantas batallas...


Rotunda victoria Dominicana en la Batalla del 30 de Marzo de 1844

 


Por: Emilia Pereyra

El triunfo de los dominicanos en Santiago, en la Batalla del 30 de marzo del 1844, fue recibido con júbilo, luego de que los criollos al mando del general José María Imbert resistieran cinco ataques, por dos flancos, en los que los invasores tuvieron unas 600 bajas y una mayor cantidad de heridos, mientras los nacionales no sufrieron pérdidas.

Al mediodía del 30 de marzo empezaron los combates, con una carga haitiana, por el lado izquierdo dominicano que defendía el fuerte Libertad, la cual fue rechazada. El enemigo volvió al ataque y fue enfrentado por la artillería criolla, que empezó a diezmarlo. De nuevo, los foráneos embistieron y otra vez fueron repelidos con vigor.

Prontamente los haitianos arremetieron por el lado derecho, protegido por el fuerte Dios, donde los rechazaron en dos ocasiones. Allí “andulleros” de la sierra, comandados por el capitán Fernando Valerio, sembraron el campo de cadáveres a golpe de machetes.

Tras cinco horas de ásperos combates, los haitianos solicitaron una tregua para recoger sus muertos y heridos, “ocasión que aprovechó el general Imbert para entregar a los parlamentarios haitianos copia del comunicado de la Junta Central Gubernativa”, que daba cuenta de la muerte en Azua del general Hérard”.

Tras conversar con Imbert y pedir seguridad de que no sería molestado en la retirada, el general haitiano Jean-Louis Pierrot, entonces candidato “natural” para sustituir a Charles Rivière-Hérard, se marchó con sus tropas hacia Haití, en “gran desorden, abandonando sus calderos, tambores y una infinidad de otros objetos y demás víveres”, pues tenía noticias de que el general Villanueva había salido con una columna de Puerto Plata para cortarle la huida y de que el general Matías Ramón Mella organizaba otra columna en San José de la Sierra, con el mismo fin, relató el historiador José Gabriel García.

“Por una protección manifiesta de la Divina Providencia, el enemigo ha sufrido semejante pérdida sin que nosotros hayamos tenido que sentir la muerte de un solo hombre ni tampoco haber tenido un solo herido. ¡Cosa milagrosa que solo se debe al Señor de los Ejércitos y a la justa causa!”. General José María Imbert.
En efecto, después de dejar Santiago, en la huida los haitianos tuvieron otras bajas, pues sufrieron emboscadas en las que se destacaron los comandantes dominicanos Francisco Caba y Bartolo Mejía.

“El campo dominicano está lleno de héroes: Imbert que comandó brillantemente las tropas y trajo orden donde sólo había desvalimiento; (Pedro Eugenio) Pelletier y (Achille) Michel, en el campo de batalla, dieron muestras de sus dotes de mando y la eficacia de sus previsiones; (Fernando) Valerio, que con su carga, selló el triunfo definitivo; (José María) López, cuya artillería probó ser extraordinariamente eficaz contra las columnas haitianas; (Ángel) Reyes, que con su batallón “La Flor”, formado por la juventud de Santiago, se lució en el campo; en fin, los batallones de todo el Cibao y el pueblo de Santiago, que una vez más ha dicho presente, y con su presencia ha salvado su independencia”, escribió el historiador Adriano Miguel Tejada en “El Diario de la Independencia”.

Según García, “los triunfos tan espléndidos reanimaron el espíritu público” e “hicieron renacer la confianza en el buen éxito de la causa nacional, reviviendo en las masas el entusiasmo que se había debilitado con la injustificada retirada del ejército del Sur a Baní, pues a la vista de los últimos sucesos ya no le quedó sino a muy pocos la duda de que los dominicanos pudieran sostener la independencia que habían proclamado y la integridad de su territorio...”.

La batalla del 30 de marzo de 1844 se produjo doce días después de que los extranjeros fueran vencidos en el enfrentamiento comandado en Azua por el hatero Pedro Santana.

El general Imbert, designado el 27 de marzo para dirigir las operaciones, contó que el enemigo se había formado en dos columnas, de cerca de dos mil hombres cada una.

Ya el viernes 29 de marzo las tropas haitianas, dirigidas por Pierrot, estaban a las puertas de Santiago. Moviéndose por el camino de Mao, al llegar a las cercanías del Alto del Yaque se dividieron en dos grupos: la columna de la izquierda, encabezada por St. Louis, tomó el camino de La Herradura, y la de la derecha, capitaneada por el propio Pierrot, vadeó el río al norte de La Herradura para enfilar hacia Navarrete, por Cuesta Colorada, y acampó luego en la confluencia del río Gurabo con el Yaque, en la zona donde termina la sabaneta de Santiago, de acuerdo a Tejada.

Las huestes de Pierrot avanzaban por una zona hostil y casi siempre eran emboscadas por tropas dominicanas.


Antes de las escaramuzas se temía que una eventual victoria haitiana en Santiago renovara las fuerzas perdidas por los foráneos a causa de la derrota sufrida en la Batalla el 19 de Marzo. La previsible confrontación en el Norte era decisiva, pues definiría de inmediato el destino de la recién nacida República Dominicana.

El día 29 el general Imbert había ordenado a Pelletier que saliera de San Francisco de Macorís, en la mañana del siguiente día, a la cabeza de un contingente de 400 hombres de infantería y 100 efectivos de caballería para establecer un campamento avanzado, relata Tejada.

Además, el jefe despachó dos patrullas de reconocimiento, dirigidas por el comandante M. M. Frómeta y el doctor Bergés, que tenían la encomienda de vigilar los movimientos del ejército haitiano y reportarlos al general Imbert, quien tomó medidas para asegurar la plaza, en cuanto fue designado cabecilla.

Como parte de las acciones defensivas, la entrada de Santiago fue atrincherada y se construyeron fosos para que los usaran los fusileros en los fuertes Dios, Patria y Libertad, en donde fueron distribuidos efectivos militares y colocadas tres piezas de pequeño calibre.

La fortaleza San Luis fue dejada como centro de retaguardia con las tropas del general Francisco Antonio Salcedo. Además, se distribuyeron efectivos en lugares estratégicos de la ciudad para prever la llegada de los enemigos a la ciudad.

Tejada subrayó que los observadores de la posición militar de Pierrot se maravillaban de “la ingenuidad” con la cual este había caído en una posible trampa, pues le habían organizado una defensa en su frente y en sus espaldas, los efectivos de la Línea Noroeste, Puerto Plata, y los que podían en la sierra, lo que había su posición muy difícil.

No obstante, existía preocupación entre los dominicanos, pues se entendía que Santiago no estaba en condiciones de resistir un largo ataque, dada la configuración y tamaño de la villa. Además, se pensaba que la victoria dependería de la forma en que interactuaran las fuerzas en pugna.


Temores y preparativos

Las tropas de reconocimiento enviadas por Imbert informaron en la
Jean-Louis Pierrot.
--> madrugada del 30 de marzo que los ejércitos haitianos habían acampado en La Otra Banda y en Gurabito, por lo que se dieron cuenta de que el ataque a la ciudad era inminente.
Los encargados de la defensa dominicana preveían que los haitianos dividirán su ataque en dos flancos: uno que embestiría el fuerte Dios, por la derecha, y otro que, cruzando el río Yaque del Norte, por el paso habitual, arremetería el flanco izquierdo dominicano, que defendía el fuerte Libertad, expresó Tejada.

El fuerte Libertad se consideraba el más débil y en este punto el general Imbert hizo colocar una pieza de dos libras, la más pequeña del parque de artillería y se construyeron fosos para los fusileros y la infantería armada de machetes y lanzas.

Los estrategas dominicanos planearon usar las fuerzas que protegían el fuerte Patria como tropas en movimiento para proteger las zonas de defensa que recibieran las mayores cargas haitianas, sistema usado con éxito en la batalla de Azua.

En los emplazamientos, situados en el lado derecho de Santiago, en el fuerte Dios, fue ubicada la pieza de mayor calibre de la artillería dominicana. Además, habían apostado allí un cuerpo de macheteros serranos, al mando del coronel Fernando Valerio, que acampaban detrás del viejo cementerio.

Mientras, soldados encabezados por el general Francisco Antonio Salcedo, recién llegados de la Línea Noroeste, se encontraban en la fortaleza San Luis, cubrían la retaguardia y esperaban actuar en caso de que las posiciones de los patriotas resultaran comprometidas.


“Romo” para la guerra


El tradicional ron dominicano jugó su rol en la animación de las tropas destinadas a enfrentar a los antagonistas en la Batalla del 30 de marzo.

A la sazón, el coronel Francisco Caba escribió a la municipalidad de San José de Las Matas, solicitando armas, útiles para la contienda, dinero y además ron, para animar a la gente en caso de pelea.

En su comunicación, Caba requería que le entregaran al capitán Fernando Céspedes además de una montura y lo que verbalmente pida, “un tambor con su caja para la tropa, “y si se puede una carga de romo”, así como “sustancia” (dinero) para la tropa, que se estaba quejando.


Juana Saltitopa, “la coronela”


Se llamaba Juana Trinidad, pero la valerosa dominicana ha pasado a la historia como “Juana Saltitopa” o “La coronela”. La valiente mujer, nacida en Jamao, ayudó a los combatientes dominicanos a vencer a los haitianos en la Batalla del 30 de Marzo.

En los estruendos de los enfrentamientos, la criolla desempeñó el rol de “aguatera”, pues se encargaba de asistir a las tropas para refrescar los cañones” y saciar la sed de las milicias. También se le atribuye haber realizado labores de enfermera, cuidando heridos.

A la dominicana, nacida en 1815, se le consideraba extrovertida y enérgica. Se habría ganado el sobrenombre de “Saltitopa” porque gustaba trepar a los árboles y saltar de rama en rama.

Fue asesinada en el 1860 durante un enfrentamiento, mientras se dirigía a la provincia de Santiago.
 
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· TOMADO DE DIARIO LIBRE




 
 


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