jueves, 14 de septiembre de 2017

Haití ha pretendido desconocer nuestra Soberanía

Las manipulaciones de Haití expuestas en los titulares de los Diarios Dominicanos

PATRIA DOMINICANA

El origen de los dominicanos

Las manipulaciones cometidas por Haití en contra de la República Dominicana quedan expuestas en los titulares. Este afronte mediático dejó a los dominicanos con un mal sabor en la boca. La solidaridad en demasía que demostró el pueblo y el gobierno dominicanos cuando Haití se encontró sumergida en la catástrofe del terremoto del 2010 quedo totalmente en el olvido entre nuestros vecinos. Es por ello que entre los dominicanos existe la percepción que Haití le ha pagado la bondad y la mano amiga con ingratitud. Los titulares hablan por su cuenta y por tanto se los mostramos a continuación.





null Sacarán extranjeros no se regularicen - El Nacional • 27.02.2015






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null Haití presiona para evitar sus ciudadanos retornen a su país - El Dia • 01.07.2015








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null Martelly presiona para que RD negocie repatriaciones - Listin Diario • 14.07.2015



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null Afrenta Conducta de haitianos desafía a dominicanos - El Nacional • 29.08.2015
nullHaitianos atacan y saquean carga 60 camiones RD - El Nacional • 30.07.2015
null Haití boicotea mercado Dajabón por repatriaciones - El Nacional • 26.06.2015
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Canciller asegura Haití mantiene ataques contra RD - El Nacional • 27.8.2015
null El Gobierno haitiano cierra la frontera al comercio dominicano - El Dia • 17.09.2015
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Canciller haitiano: El gobierno haitiano tiene derecho a proteger sus fronteras contra ciertos productos Listín Diario • 18 de septiembre 2015
null Hoy inicia cierre frontera para productos dominicanos a Haití - El Dia •1 oct. 2015








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RD espera que Haití “repiense” decisión de prohibir productos criollos 17 sept. 2015• El Caribe



















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 La veda sigue - El Día  14 octubre, 2015
9 febrero 2016 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Fue confirmada como Speaker o vocera de Donald Trump

Quién es Hope Hicks, la discreta exmodelo de 28 años a la que nombraron como directora de comunicación de la Casa Blanca




El baile de nombramientos en la Casa Blanca desde que Donald Trump tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos sumó este martes un nuevo nombre.
Es el de la joven Hope Hicks, que, a sus 28 años, se convierte en la nueva directora de Comunicación de Trump, una función que venía desempeñando como interina pero que ahora asume plenamente, según informaron diversos medios estadounidenses citando a un portavoz oficial.
Nacida en Greenwich, en el estado de Connecticut, Hicks se convierte así en el reemplazo definitivo de Anthony Scaramucci, destituido el pasado julio después de unas polémicas declaraciones contra otros miembros del equipo presidencial.
Scaramucci duró 10 días en el cargo y no ha sido el único alto cargo de la Casa Blanca que sale tras solo 10 meses de gobierno. El término "definitivo", entonces, quizá sea demasiado aventurado cuando se trata del gabinete Trump.

Estabilidad a un cargo turbulento

Antes de Scaramucci, Sean Spicer renunció al cargo de secretario de prensa también en medio de un gran revuelo.
Hicks tendrá la misión de dar estabilidad a un puesto de alto voltaje.

Es graduada en Inglés por la Universidad Metodista del Sur de Dallas, donde despuntó como jugadora de Lacrosse, un deporte muy practicado a nivel escolar en Estados Unidos.

Lo cierto es que su currículum en política no es demasiado amplio, pero desde que entró en contacto con la familia Trump se convirtió en una de sus más fieles y apreciadas colaboradoras.

Ascenso por lealtad

La relación de Hicks con los Trump comenzó cuando la firma de moda de Ivanka Trump, la hija mayor del presidente, empezó a recurrir a los servicios de Hiltzik Strategies, la compañía en la que Hicks trabajaba como relaciones públicas.
Pero Hicks es también modelo y llegó a desfilar con algunos de los diseños de Ivanka Trump.

Ya entonces hizo gala de la cualidad que más parece apreciar en ella el presidente: según miembros de la oficina presidencial citados por el Washington Post, Hicks nunca intenta hacer cambiar de idea a su jefe; se limita a hacer que se cumpla su voluntad.
Así se comportó como responsable de relaciones públicas de la compañía inmobiliaria del actual presidente, a la que se incorporó en octubre de 2014.
Su carrera política comenzó casi simultáneamente a la carrera presidencial de Trump, cuando éste le pidió que se incorporara a su campaña en las primarias republicanas.

Se integró en el equipo que gestiona la cuenta de Twitter de Trump, una de sus herramientas de comunicación que más escándalo suelen causar.
Ella era la responsable de transmitir los mensajes que el futuro presidente quería lanzar al mundo.

Al poco tiempo, intentó regresar al mundo de la moda, pero Trump no quiso perderla y la persuadió para que se mantuviera a bordo en su incipiente aventura política.
Cuando ésta concluyó con éxito y Trump se convirtió sorpresivamente en presidente de Estados Unidos, se apresuró a crear el puesto de directora de Comunicaciones Estratégicas para Hicks.
Para entonces, la antigua modelo ya se había convertido en parte del círculo íntimo de los Trump y, según cuenta el portal Politico, en una de las pocas personas que compartía las cenas del sabbat con Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner, ambos judíos practicantes.

Bajo perfil



Hicks fue también del reducido grupo de personas que participaron en la audiencia que el papa Francisco concedió al presidente estadounidense en el mes de mayo.
Desde que se instaló en los aledaños del poder, la nueva directora de Comunicación de la Casa Blanca ha eludido entrevistas y apariciones públicas.
El suyo ha sido un perfil bajo.
Cuando empezó a desempeñar interinamente las funciones de su nuevo cargo, evitó ocupar la oficina a su disposición y prefirió mantenerse en su modesto escritorio junto al Despacho Oval.
Quizá sean detalles como esos lo que de ella seduce a su jefe, Donald Trump, que, en declaraciones a GQ, la describió como "sobresaliente".
El puesto que ahora asume es uno de los de mayor responsabilidad y exigencia en la alta política estadounidense.
Y lo asume en una de las épocas más turbulentas de la historia reciente del país.

12 septiembre 2017

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Mi Macorís del Mar


¿Cuándo, y de dónde
vinieron los cocolos?






Por: Rolando Robles
rolrobles@hotmail.com



Después que publiqué esos primeros garabatos sobre mi familia, he recibido muchas llamadas de amigos y relacionados que me instan a escribir más sobre los cocolos; pero sobretodo, me hablan para mostrarme solidaridad personal por hacer público esos pareceres que evidentemente, no son de mi propiedad exclusiva.

Esa finura de la gente me halaga en grado sumo porque me dice que más allá de las diferencias políticas aparentes entre nosotros, existe una conexión cultural, humana, nacional y hasta étnica, que une a todos los que nos hemos “averado” a esta nación de oportunidades. De pronto he sentido que la gente no me ve como republicano, medio peñagomista, un tanto boschista, algo peledeísta, casi trujillista y totalmente contestatario -que es como yo me veo a mi mismo- sino, como un dominicano, que puede ser compadre, compueblano, o quizás primo hermano suyo.
 
Cocolo en el Barrio Mexico-San Pedro de Macorís
Y créanme, esa nota me eleva más que el scotch mayor de edad (el que tiene sobre 18 años de envejecimiento) o que el divino tinto que nos llega desde La Rioja. Me siento que he fumado la “pipa de la paz” con medio mundo y al mismo tiempo confirmo que los dominicanos del exterior somos gente de luz. Pero más que eso, que los malvados y mediocres, solo son un puñado.

Siguiendo el sendero de la historia, casi podemos precisar que ha habido cuatro grandes oleadas de inmigrantes negros que llegaron a nuestro país provenientes de ultramar. Parece ser que el primer grupo de cocolos, propiamente dicho, es el de los negros libertos que entre 1824 y 1825 llegaron desde Filadelfia, gestionado por el gobierno haitiano de Boyer. Eran los primeros años de la ocupación de nuestro país por parte de Haití.
 
Violeta Stephen
Se establecieron en Sánchez y Samaná algunas 200 personas, pero unos 6,000 negros libertos en total, llegaron a la isla bajo la presunción de que su repatriación -al igual que los que partieron hacia Liberia- redundaría al final en una mejoría de su existencia. No todos se adaptaron a las nuevas condiciones de vida y retornaron a USA; la gran mayoría sin embargo, se decidió a construir su futuro en estas nuevas tierras.

Hay que precisar que esa minúscula migración que llegó a la península de Samaná, se diferenciaba muy bien de los demás negros provenientes de las islas. Lo mismo aconteció con los asentamientos de Santo Domingo, Haití y Puerto Plata, cuyos rasgos culturales estaban muy bien definidos y los estilos de vida de los libertos de Norteamérica, marcaban una gran distancia con los isleños, que ya empezaban a laborar en las plantaciones cañeras.

Hubo una segunda oleada de cocolos que llegó a la naciente República Dominicana a partir de las décadas de 1870 y 1880, movida por el boom de la industria azucarera; y se asentaron además de la costa norte, en todo el litoral sur, especialmente La Romana, San Pedro de Macorís, Barahona, Santo Domingo y San Cristóbal, o más bien, donde quiera que se cultivara caña de azúcar.

Más luego, durante la ocupación norteamericana de 1916 a 1924, creció la inmigración y miles de cocolos provenientes de las islas de Sotavento, de Barlovento y de Panamá -que ya había terminado la construcción de su canal- se establecieron en el país. Para esta época, no solo llegaron braceros sino, toda clase de mano de obra especializada, para laborar en los ingenios; desde agrónomos y técnicos azucareros hasta mecánicos y electricistas.
 
Chico Conton
Paralelamente con los cocolos, llegaron también los haitianos. Pero éstos vinieron exclusivamente para labores agrícolas (sembrado y corte de la caña) y acusaban una gran diferencia con los primeros. La disparidad en el nivel cultural y los estilos de vida de los “congoses” haitianos y los cocolos -súbditos ingleses en su mayoría, que al principio también llegaban por temporadas- marcaron claramente el destino de estos dos grupos de inmigrantes en nuestro país. 

La última oleada de cocolos, se registra en los inicios de la Era de Trujillo, a partir de la salida de los norteamericanos. Pero se puede decir que estos nuevos migrantes llegaron apoyados por sus familiares y encontraron un ambiente mucho menos hostil que el de sus antecesores. Ya el trabajo de adaptación había dejado sus frutos.

Y es que los cocolos se integraron en todos los niveles de la sociedad dominicana, a pesar de la discriminación y de sus diferentes orígenes. Llegaron desde Bahamas, Islas Vírgenes, Saint Kitts, Tortola, Nevis, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Dominica, Anguila, Saint Thomas y Saint Croix; de las francesas islas de Guadalupe, Martinique y Saint Martin, así como desde Aruba y Curazao; pero hoy todos son dominicanos de pleno derecho.

Los haitianos, por el contrario, y a pesar de la inexplicable invasión pacífica que el Estado dominicano les ha permitido, una vez muerto Trujillo, no muestran síntoma alguno de integración. Su fidelidad a un estilo de vida que no comulga con la cultura del país que le sirve de “forzoso anfitrión”, les impide asimilarse a las estructuras sociales dominicanas.

Solo por el instinto de sobrevivencia, algo menos del 15% de los que viven de manera irregular en el territorio nacional, han aceptado acogerse al plan regulatorio propuesto bajo el marco de la gloriosa sentencia TC168-13, que tiene fuerza de ley y de aplicación inmediata. Sin embargo, los cocolos ya se han fundido con el resto de la población y literalmente, no se sienten síntomas de discriminación alguna. De los haitianos y su descendencia, no se puede decir lo mismo.

Interpreto, que el éxito de los cocolos -si es que se le puede llamar “éxito” a la integración armoniosa- se debe en gran parte a la insistencia en la preservación de los valores familiares, al alto nivel de educación cívica, y a los permanentes anhelos de superación que mostraron, tanto los pioneros como también, y muy especialmente, sus descendientes. Está claro que las costumbres de los cocolos, lejos de molestar a los dominicanos, sirven de elemento de acercamiento y compenetración social.


marzo 30, 2017


 
        Norberto James

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Los Inmigrantes
        Norberto Pedro James Rawling

Aún no se ha escrito
la historia de su congoja.
Su viejo dolor unido al nuestro.

I
No tuvieron tiempo
-de niños-
para asir entre sus dedos
los múltiples colores de las mariposas.
Atar en la mirada los paisajes del archipiélago.
Conocer el canto húmedo de los ríos.
No tuvieron tiempo de decir:
-Esta tierra es nuestra.
Juntaremos colores.
Haremos bandera.
La defenderemos.

II
Hubo un tiempo
-no lo conocí-
en que la caña

los millones
y la provincia de nombre indígena
de salobre y húmedo apellido
tenían música propia
y desde los más remotos lugares
llegaban los danzantes.

Por la caña.

Por la mar.
Por el raíl ondulante y frío
muchos quedaron atrapados.

Tras la alegre fuga de otros
quedó el simple sonido del apellido adulterado
difícil de pronunciar.
La vetusta ciudad.
El polvoriento barrio
cayéndose sin ruido.
La pereza lastimosa del caballo de coche.
El apaleado joven
requiriendo
la tibieza de su patria verdadera.

III
Los que quedan. Éstos.
Los de borrosa sonrisa.
Lengua perezosa
para hilvanar los sonidos de nuestro idioma son
la segunda raíz de mi estirpe.
Vieja roca
donde crece y arde furioso
el odio antiguo a la corona.
A la mar.

A esta horrible oscuridad
plagada de monstruos.

IV
Óyeme viejo Willy cochero
fiel enamorado de la masonería.
Óyeme tú George Jones

ciclista infatigable.
John Thomas predicador.
Winston Brodie maestro.
Prudy Ferdinand trompetista.
Cyril Chalanger ferrocarrilero.
Aubrey James químico.
Violeta Stephen soprano.
Chico Conton pelotero.
Vengo con todos los viejos tambores
arcos flechas
espadas y hachas de madera
pintadas a todo color ataviado
de la multicolor vestimenta de "Primo"
el Guloya-Enfermero.

Vengo a escribir vuestros nombres
junto al de los sencillos.
Ofrendaros

esta Patria mía y vuestra
porque os la ganáis
junto a nosotros
en la brega diaria
por el pan y la paz.
Por la luz y el amor.
Porque cada día que pasa
cada día que cae
sobre vuestra fatigada sal de obreros
construimos
la luz que nos deseáis.
Aseguramos
la posibilidad del canto
para todos.
 https://soundcloud.com/dejando-huellas/norberto-james-rawlings-fragmento-los-inmigrantes-01

s.p.m. 1969

lunes, 4 de septiembre de 2017

Recordando Ciudad Trujillo



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Los viejos cines de 
 Ciudad Trujillo



  Por: Rolando Robles
 rolrobles@hotmail.com



Los cementerios, según dice Cristian Vázquez, un joven y brillante periodista argentino: “cifran de algún modo, la historia de los pueblos y las ciudades donde se encuentran”. Él afirma que no sabe de quién es originalmente la frase y aunque yo la comparto a plenitud, debo precisar que más que los cementerios, el verdadero indicador de la vida de las ciudades son sus cines, cuando menos, durante el siglo XX.

Ciertamente, si hay algo que puede hablar del Santo Domingo del siglo pasado, eso ha de ser sus antiguos cines. Porque el cine nació justo hace unos cien años, pero tardó un par de décadas para que se estableciera una genuina sala de cine en la Primada de América. De cualquier manera, solo puedo hablar con propiedad de los cines que visité, digamos que desde principios de los años 50’s

Para entonces, ya estaban categorizados en tres grupos: los cines de estreno, los cines de segundo turno y los llamados cines populares, que siempre proyectaban más de una película por sección. Los primeros llegaron a tener aire acondicionado -otro invento que también llegó con el siglo- o cuando menos, un gran sistema de ventilación. Los de segundo turno, rara vez poseían climatización; y los últimos, los populares, eran al aire libre y por tanto solo operaban de noche; en general exhibían dos películas por tanda.

Los de estreno, como es lógico, estaban localizados en la zona sur de la ciudad, o sea, la parte donde vivían “los ricos” de la Capital; Gazcue y la zona intramuros. No había salas de estreno al norte de la calle Capotillo (avenida Mella a partir de 1934) pero si había diferentes rangos entre los cines de primera de la ciudad.

Dentro de los de mayor alcurnia se contaba el Rialto, el único con tres niveles de asientos, localizado en la calle Duarte, llegando a la calle El Conde. Cuántos recuerdos se guardan de ese famoso “tercer piso del Rialto”. Justo en la esquina -me dicen, porque yo no lo conocí- existió el Cine Mella en los 40’s. En la misma calle El Conde y rumbo al baluarte, estaba el Santomé, llamado antes El Encanto. Una cuadra más al sur, en la Arzobispo Nouel teníamos el Leonor y en la Palo Hincado, buscando el malecón, se levantaba el legendario Cine Olimpia. Ya más al oeste, en Gazcue, exactamente en la Pasteur, existía el Cine Elite. Todos eran de primera categoría.

Alrededor de la Catedral estuvo el Capitolio y más luego el cine de las Fuerzas Armadas, en la calle La Damás. El Independencia miraba al parque desde la Mariano Cestero. En la avenida Mella recuerdo tres cines: Mi Cine, el Lido y el Apolo. Los dos últimos cerca del Mercado Modelo, pero el primero, entre las calles Duarte y José Martí; y duró muy poco en su segunda edición. Me contó mi suegra, Aurora Ferrer (qepd), nacida y criada en el sector intramuros de San Miguel, que hubo otro cine del mismo nombre en la zona, pero ella no recordaba donde, y yo no había llegado a la ciudad para entonces, por tanto, no lo conocí.

Decapitada la dictadura, se construyeron varios cines y desde luego, desaparecieron otros tantos. Vimos aparecer un Cine Doble en la Duarte; el Lido en la Mella y un novedoso Cine Triple, junto al antiguo edificio del Partido Dominicano en el malecón. Más adelante, frente a Guibia, se localizaba el Cinema Centro, con seis salas independientes. Casi todos eran cines de estreno.

Hay que señalar que la mayoría de las salas de cine de la vieja Santo Domingo, eran originalmente teatros, con muy buena acústica y escenarios que se prestaban para las “tablas” formales, así como para presentaciones más frívolas: comedias, variedades, y shows artísticos en general.

Subiendo la avenida José Trujillo Valdez, hoy avenida Duarte, se encontraba el Max (originalmente El Travieso), unos pasos más arriba de la popular barra El Trocadero y al lado de donde se instaló el Movimiento Popular Dominicano (MPD) en 1960. Más arriba y pasando la calle Benito González, antes de la desaparecida calle Félix María Ruiz, operaba el Cine Diana y a su lado se construyó el Cine Doble.

En la barriada de San Carlos, tuvimos un gigantesco cine de segunda con el mismo nombre, en la calle Abreu. En la calle Eugenio Perdomo operó el viejo Paramount, de igual categoría. Subiendo por la Abreu hasta la calle París y doblando a la izquierda, nos encontramos con el popular cine Trianón, frente al parque Braulio Álvarez; este era un cine de tercera, de dobles y hasta triples películas por noche.
Asumiendo que la avenida Duarte era la frontera entre San Carlos y Villa Francisca, hubo otro cine de segunda en San Carlos, el siempre recordado Julia y que también funcionó como teatro. Allí pude ver la comedia “Cero Invasión” de don Paco Escribano, en la que, el popular artista pretendía burlarse de los héroes de la invasión de 1959 contra Trujillo. Debo apuntar aquí que siempre supuse que el nombre se lo debíamos a “mamá Julia”, la madre del dictador, pero el “insigne cocolo” Carlos MacCoy, afirma que en realidad la honrada era Julia Geraldino, la hija del dueño de la Ferretería Geraldino. Claro, una vez puesto el nombre -agrego yo- era preferible no hacer la aclaración y matar “dos palomás de un tiro”, por la salud del viejo Geraldino.


Exactamente al frente del Julia y junto al afamado Pino #1 de Melitón, con sus cervezas a “tres por peso” y sus famosos sándwiches “Cotorro” a 10 centavos, funcionó el Coliseo Brugál, que antes fue Coliseo Ramfis y Jardín Ramfis; sirvió de escenario para los programás de Boxeo/Lucha Libre y de cine de tercera. Aún no había debutado nuestro gran campeón Jack Veneno y las estrellas del momento eran Vampiro Cao (rudo dominicano), Akio Yoshihara (técnico japonés), Fu Ling Chan (técnico dominico chino que dormía a los contrincantes con una “llave” secreta) y El Vudú (rudo dominico haitiano cuya principal arma era un potente “grajo” que también dormía a sus adversarios)
Al lado este de la “avenida de los bancos” o sea en “Villa”, hubo otros tres cines, de muy grata recordación para la población de entonces (los “baby boomers” y más allá) de los que aun quedamos algunos vivos. Frente al parque Julia (Enriquillo), en la calle Ravelo, existió el Atenas, que era símil del Coliseo Brugál. Al subir por la José Martí y próximo a la calle Francisco Henríquez y Carvajal (antigua Londres) operó por poco tiempo el Cine Héctor, que devino en cine Libertad, una vez muerto el Jefe.

El tercero era un cine de segunda categoría, el Balani, que al igual que el Mi Cine de la avenida Mella, no tenía la inclinación debida y la pantalla no se veía muy bien desde la parte trasera. Se localizaba en el lado sur de la avenida Braulio Álvarez, antes de llegar a la Duarte y frente a la biblioteca. Se decía que su nombre era una combinación de Balaguer y Nivar Seijas, el supuesto propietario.

En el lado opuesto de la Amado García (Braulio Álvarez) y en la esquina de la Juana Saltitopa (Erciná Chevalier) había un cine de tercera que rendía honor al hijo menor de Trujillo, el Cine Radhamés, bautizado como otros tantos cines populares como “El Miaíto”; la razón del sobrenombre es evidente.

Subiendo la Amado García y próximo a la calle Londres, encontramos el Cine Alma, más luego Cine Cupido, de segunda categoría. Al doblar a la derecha en la avenida San Martín, del lado izquierdo, operaba el Cine Ramfis. Me cuenta Onorio Montás que se incendió en 1958 y pertenecía a Manuel Pérez, un reconocido agente del SIM; un “calié” que vivía al fondo del cine.

Más adelante y un par de cuadras al sur, se localizaba el Oratorio Don Bosco, regenteado por la Orden de los Salesianos. En un galpón con grandes abanicos a los lados, se le ofrecía entretenimiento semanal a la muchachada que asistía a recibir el “santo catecismo”. Si había asientos, un proyector y un telón, era técnicamente un cine, aunque cariñosamente le llamáramos “El Gallinero”. A quien nunca le dispensamos cariño alguno fue al portero Arcadio, que suponíamos era policía y tenía malos hábitos sexuales.  

En el lado norte de la San Martín, al doblar la calle Ciudad de Miami, se levantaba imponente La Voz Dominicana, que llegó a poseer dos cines: uno interior, con aire acondicionado y otro al aire libre, al frente.

En general, estas eran las salas de cine -hasta la Braulio Álvarez- del Santo Domingo de Guzmán, que conocimos como Ciudad Trujillo entre el 11 de enero de 1936 y el 23 de noviembre de 1961. Pero, desde antes de caer la dictadura y con el crecimiento horizontal de la Capital, los cines se expandieron hacia la periferia, en una y otra dirección. El cine era la gran novedad, y por tanto: si había gente, debía haber salas de cine.

Así vimos que en los terrenos de la feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, se levantó el Auto Cinema Iris, que ya desapareció. Más adelante, en la avenida Independencia y a la altura de la urbanización El Cacique, unos 20 años después, tuvimos un cine que si mal no recuerdo, se llamó Avenida y que devino en Lumiere, cuando Arturo Rodríguez, un magnífico cineasta, lo hizo su cuartel general, al igual que el Cine Elite de Gazcue.

Siguiendo hacia San Cristóbal y frente a la Cervecería, se edificó el cine El Portal y casi llegando a la autopista 30 de Mayo, exactamente en el km 11 de la carretera Mella, donde estaba Divertilandia, tuvimos el cine Jackeline. En la Facultad de Ingeniería de la UASD, funcionó el Cine Universitario, administrado por el departamento de Bienestar Estudiantil.

Otro auto cinema construido en la Era, se encontraba en Naco, donde más tarde se construyó el edificio alto que tenía un restaurante en el último piso. Al frente, en la misma Plaza Naco, hubo otro cine de primera, del mismo nombre de la plaza.

Hay que decir aquí, que a la avenida Tiradentes, eje sur/norte del exclusivo barrio Naco, le importaron el nombre al extender la avenida Máximo Gómez, desde el malecón hasta el puente Francisco J. Peynado que conduce a Villa Mella, rompiendo el antiguo aeropuerto General Andrews. Antes de la extensión de dicha vía, el cementerio municipal estaba en la vía llamada Tiradentes, que luego del cambio se le llamó Máximo Gómez.

Al construir la 27 de Febrero y extender la avenida Bolívar más allá del Seminario Mayor, se abrieron algunos cines, todos de primera. Recuerdo uno en la 27 de Febrero, después de la Lincoln; creo que se llamaba Palacio del Cine y tenía dos salas. En la avenida Rómulo Betancourt a esquina Caonabo se construyó otro cine de dos salas, Cine Bolívar creo era su nombre, pero ya no existe. 

Hoy día, hay cines en todos los centros comerciales y tienen múltiples salas de exhibición. Hasta en Arroyo Hondo, que para la época de los peligrosos “carros cepillos” era un exclusivo y casi deshabitado barrio de gente rica, se han establecido varias salas de cine. Sin embargo, fue en la zona colonial y en los barrios populares -porque es allí donde vive la multitud- donde se tejió la verdadera historia de los antiguos cines de la Capital.

En Villa Consuelo, por ejemplo, además de los dos cines de La Voz Dominicana y el Alma (luego Cupido) localizado en la avenida Amado García, había otro en el segundo piso del mercado local. “Cine Municipal Villa Consuelo” decía un letrero con pocas pretensiones en el frente, por allá por los años 50’s. Más luego, al final de los 60’s, se levantó un cine al aire libre -como todos los de la parte alta- en la Manuela Diez, entre Duarte y Hermanos Pinzón, su nombre era Cine Marlboro.

La frontera entre Villa Consuelo y Villa Juana, solía ser la Ml. Ubaldo Gómez, pero ahora, con el V Centenario de por medio, se han rediseñado un tanto los límites. Así, el Janet, que se ubicaba en la calle Francisco Villaespesa con Charles Piet y el Cometa, cito en la Peña Batlle, entre las calles 21 y 23, siguen siendo dos cines de Villa Juana, si es que aún funcionan. Hubo un tercer cine en los predios de Villa Juana que se hallaba en la Marcos Ruiz cerca de la calle Seybo, su nombre era Satélite. 

Al cruzar la Máximo Gómez hacia el oeste, entramos en el ensanche La Fé y en la Paraguay entre la 27 y la 29 se encontraba el Cine Luna. Siguiendo con rumbo norte hacia Cristo Rey, hallaremos el Cine Coloso, en el sector de Las Flores y me cuentan que hubo otro llamado Cine Superior, pero no me definen el lugar exacto.

Girando hacia el este, entramos en Villas Agrícolas. Allí había dos cines en antes. El Popular, ubicado en la calle la Moca casi a esquina Félix Evaristo Mejía (32) y el viejo Ketty, en la esquina de la misma calle Moca y Marcos Ruiz. Un tercero se localizaba al norte de la Nicolás de Ovando y se llamaba Premier.

Si caminamos  la avenida Duarte hacia el sur, después de la 17 y frente al liceo Juan Pablo Duarte, encontraremos el Cine Gigante, que más luego se rebautizó como Cine Montecarlo, se instaló en 1960 y quedaba en los terrenos de Villa María.

Ya dentro de lo que fue Farías, a la altura de la Albert Thomás, entre la Central y Padre Castellanos, existió el Cine Cinzano en su segunda edición. Primero estuvo en la Jacinto De La Concha, llegando a la calle París, en un garaje de Pipí Turull que salía a la José Trujillo Valdez. Cuando menos eso afirma el amigo Jesús Ariza, que de joven trabajó para una empresa que operaba salas de cine. Sin embargo, Gilberto Molina, un sancarleño de pura cepa y que vivía en el barrio, sostiene que en ese lugar, lo que se instaló fue el Cine Siboney.

Cruzando hacia la zona Este, en el Ensanche Ozama, recuerdo había algunos cines de segunda. El Arelis en la Venezuela con Presidente Vázquez y el Petit, un cine de menos de 150 asientos localizado por igual en la avenida Venezuela. Sin embargo, el amigo Sergio Reyes apunta que en el Club de Leones, hubo un cine en su auditorio.

También hubo un auto cinema, el Ozama, que estaba localizado en la calle José Cabrera, pero ya en los terrenos de Alma Rosa. Esta novedad de “cine con todo y automóvil”, nos dejó especialísimás reminiscencias. Primero por la privacidad y sus consecuencias de llevar a la novia al cine y segundo porque en uno de los cinemás de entonces se cobraba por el auto, no por la gente que llevara; mientras que en otro se cobraba por las “cabezas visibles” dentro del auto, sin incluir el baúl. ¿Cuántos cabían?, vaya usted a ver.

Siguiendo hacia Los Minas, contamos tres cines: el Cine Duarte, cito en la Marcos Del Rosario, el Cine Ana, en la Presidente Estrella Ureña y el Cine Naty que estaba al lado del cementerio, en territorio de Vietnam y Katanga.

Consultado el joven Alcides Reyes, que se autodefine como un “gran conocedor de la Zona Oriental”, me hizo las siguientes precisiones: (a) El Arelis estaba en la Venezuela, al quitarlo, pusieron la discoteca Macumba; (b) El Cine Petit estaba en la Venezuela y la calle Club Rotario, también se llamó Montecarlo; (c) hubo un Cine Alma, en la carretera Mella con la calle Colón, por la urbanización Mi Hogar, propiedad de don Candito Alma; (d) más adelante, en la misma Carretera Mella, casi con Charles De Gaulle, funcionó un cine denominado La Nueva Pelota y (e) en Villa Duarte nunca hubo cine alguno.

Esta última precisión de Alcides es desmentida por Amado De La Rosa, un muy caro amigo de Calero, que sostiene que en Villa Duarte si existió un Cine-Estadio llamado Sans Soucí, supongo que en terrenos de La Francia.

En Santo Domingo Oeste, digamos en Herrera, si ha habido algunos cines, aunque ninguno funciona en la actualidad. Consulté a Ignacio Aracena, un prominente munícipe y Regidor en funciones y fue muy categórico: “En la actualidad estoy encabezando una iniciativa mixta junto a la sociedad civil, para levantar tres cines -cuando menos- en el municipio, como habían cuando yo aún era un niño.

“Recuerdo que en la calle Francisco Segura y Sandoval estuvo el Cine San Miguel. El cine Eva estaba en la avenida México del sector Buenos Aires y un tercer cine, con aire acondicionado, funcionó en la avenida Las Palmás y 27 de Febrero. No pudo mantenerse y cerró, su nombre era Las Caobas, casi recuerdo. Un cuarto cine -que yo no conocí- me dicen que existió en la Isabel Aguiar, en la plaza El Económico, donde ahora está el Banco de Reservas, desconozco el nombre que tuvo”.

Al finalizar este recuento, que más que disparar mis nostalgias, me ha servido para comprender que los años pasan y agregar más preocupación a “lo que me queda por vivir”, parafraseando a Omara Portuondo; aunque no sea “bajo la tibia sensación de una mirada”. En realidad, lo que siento es más que una mirada, es la presencia cercana de ese viejito alemán que llaman Alzheimer y que me obligó a consultar a una veintena de amigos.

Fruto de esa realidad y de que mis amigos también sienten ese acompañante inoportuno, termino el cuento con dos dudas. La primera: ¿cómo se llamó el cine que estuvo en la Padre Castellanos con Eduardo Brito, frente al mercado de la 17? y la segunda: ¿Hubo un cine en la bajada de la Avenida Duarte, del lado izquierdo y después de la Agencia Bella? Ivan mi hijo mayor dice que se llamó Cine Nacional, pero ni yo ni nadie de mi época lo recuerda.

En la actualidad funcionan más de 150 salas de cine en el Gran Santo Domingo y van desde los formatos más modernos del mundo (3D, 4DX, IMAX, CXC) con sonido Dolby Atmos 7.1 Last Generation y proyección 100% digital y todas las comodidades imaginables, hasta los tradicionales y económicos cines al aire libre.

Así que en modo alguno se puede afirmar que las salas de cine sean parte de una especie en extinción, pero su influencia en nuestras barriadas ya no es, ni será la misma. La globalización se ha tragado aquel pedazo del alma de cada barrio, con sus historias, sus melancólicos recuerdos y sus dulces remembranzas.

Todo es diferente ahora. Se nos fueron el maní tostao, los frikitakis, el gofio, las horchatas y el jalao, los chiclets y las mentas de guardia; y con ellos una buena parte de nuestras vidas. La oferta importada normará nuestros hábitos de consumo y para bien o para mal, ya no seremos tan independientes como hemos sido. De hecho, los que fuimos protagonistas, ahora solo somos espectadores.

Pero está visto que las amapolas siempre florecerán, aunque el relevo nunca ocupe aquellas butacas que hemos ido dejando vacías y desde donde disfrutamos el paraíso que nos ofrecía la vieja e inolvidable “pantalla gigante”.


Marzo 02 2017


  






domingo, 3 de septiembre de 2017

El Código Penal, al ser rechazada la observación en el Senado, es ley.


Los linderos de la observación a la ley y el nuevo Código Penal


Por: José Ricardo Taveras Blanco

El Artículo 93-b de la constitución establece como facultad del congreso “conocer de las observaciones que el Poder Ejecutivo haga a las leyes”. El Tribunal Constitucional (TC), mediante Sentencia 599/15 estatuyó al respecto conforme a ese mandato, el precedente es general y en principio, aunque no analiza esa hipótesis, abarca el caso en que haya disparidad entre ambas cámaras sobre la aprobación o negación de éstas; de manera que la sentencia no esclarece la aún turbia redacción del artículo 102 que regula la observación.
Ocurrió lo imprevisto, el Senado negó su aprobación a la observación y los diputados la consintieron al negar su aprobación al informe que la rechazaba. El TC por su parte tampoco evaluó esa hipótesis y resolvió la ausencia de disposición en base a sus facultades aditivas, concluyendo de manera general y sin precisar, que: “...el resultado de la reconsideración..., depende del concurso de las dos cámaras, puesto que si las observaciones no logran ser aprobadas... o rechazadas... simultáneamente en ambas cámaras, la ley deberá considerarse desechada y no podrá ser presentada en ninguna de las cámaras hasta la legislatura siguiente.”
El criterio se asume del artículo 99, que versa sobre los trámites entre cámaras para el conocimiento de los proyectos de ley, resultando en consecuencia de forzosa adaptación a una pieza que la constitución define como ley, en este caso en estatus de observación. Se aduce que el 102 es claro y que se refiere obviamente a la ley y no a las observaciones cuando dice que la cámara de envío “... discutirá de nuevo la ley en única lectura. Si después de esta discusión, ... la aprobaren de nuevo, será remitida a la otra cámara; y si ésta la aprobare por igual mayoría, se considerará definitivamente ley.” Difiero de esa lectura.
En la especie, el congreso no puede votar nuevamente una normativa que ya sancionó, sino su posible modificación en virtud del criterio propuesto por el ejecutivo, por lo que, la aprobación a la que se refiere el artículo 102 no versa sobre la ley, la lógica y el contexto mandan a que la misma trata sobre la acogida o no de la observación sugerida, en cuyo primer caso sería indispensable procurar el consentimiento de ambas cámaras, toda vez que con ello se rompe un consenso bicameral ya consagrado como ley. Por tanto, frente a la compleja redacción del texto y la falta de evaluación concreta de la hipótesis ya consumada, el TC asumió la interpretación general citada.
Debemos partir pues, de la necesaria distinción de que las observaciones se le hacen a la ley, no a un proyecto, y éstas no pueden ser desechadas sino derogadas por una decisión del propio órgano que las concibe o anuladas por vicios de constitucionalidad, en principio. Es decir, el simple hecho de que no sea acogida una observación no puede dar pie a la disolución pura y simple del consenso de ambas cámaras convertido en ley, sobre todo cuando la constitución no lo ha dispuesto así expresamente.
La interpretación asumida por el Senado al remitir la ley observada a la Cámara de Diputados después de haber rechazado las observaciones, tiene implicaciones sistémicas que van en detrimento de las atribuciones del congreso. La hipótesis que venimos planteando debe movernos a esa reflexión por las implicaciones que contiene y por la vulneración de mandatos de carácter dogmático en nuestra constitución, como lo son los principios de soberanía, separación y control cruzado de los poderes.
Admitir que una ley queda desechada por el hecho de que una observación del ejecutivo no ha sido acogida por ambas cámaras, significa admitir como control cruzado del ejecutivo, que su voluntad y criterio prevalecen al principio de soberanía de la ley, al sobreponer a través de un simple trámite su voluntad individual al consenso bicameral por el simple desacuerdo en cuanto a su propuesta, lo que resulta ser gravemente invasivo del principio de separación de poderes, en un sistema constitucional donde todo ello es parte de los elementos fundamentales de un sistema de gobierno civil, republicano, democrático y representativo; de carácter inmutable por así consagrarlo mediante cláusula pétrea contenida en el 268, en el marco de un Estado que se define como social, democrático y de derecho.
El TC, en sus sentencias interpretativas, tiene facultades aditivas en todos aquellos casos de  omisiones  legislativas, resulta pues obvia la necesidad de que eventualmente profundice el análisis y se pronuncie sobre la distinción que sugerimos. El tribunal, si bien resolvió un problema, no aprovechó la ocasión para hacer un análisis interpretativo más penetrante del artículo 102, vale decir que no es lo mismo que la cámara de envío acoja una observación y la devuelva modificada sin remitirla a la otra, como ocurrió con el código penal la vez anterior, a que la rechace y la devuelva para promulgación y publicación, toda vez que, en el primer caso interviene una modificación del consenso votado por el congreso, por tanto convertido en ley y, en el segundo, resulta totalmente lo contrario, puesto que la otra cámara ya había intervenido en su aprobación.
El silencio del artículo 102 sobre el destino de la ley en caso de que no sea acogida la observación del Ejecutivo, nos conduce necesariamente a concluir que en el caso que tratamos, el rechazo por una de las dos cámaras, debe implicar la consolidación definitiva de la naturaleza legal de la pieza, pues el consenso logrado para la ley no puede ser disuelto pura y simplemente por la negativa; por lo que, cuando la cámara de envío la ha rechazado, la remisión a la otra cámara resultaría obviamente inútil; por todo lo cual, no tengo temor en afirmar que el nuevo Código Penal, desde el momento mismo en que fue rechazada la observación en el Senado, es ley.

Twitter: @JoseRicardoTB
https://www.facebook.com/josericardo.taverasblanco
email: josericardotaveras@gmail.com

viernes, 1 de septiembre de 2017

Reenvian juicio a 12 ex-directivos y al actual presidente del Club Naco


Juez rechaza argumentos de los demandados y fija fecha para el inicio del juicio de conocimiento de fondo
 
Audiencia en la 9na. Sala Penal del Distrito Nacional
El juez presidente de la 9na. Sala Penal del Distrito Nacional que está presidida por el magistrado Vladimir Marx Rosario García rechazó los alegatos de los distintos abogados de la defensa de la acusación que contiene hechos y circunstancias que tipifican el crimen de abuso de confianza calificado y estafa, está dirigida, principalmente, contra los señores Luis Miguel Pou Guerra, Alejandro (Chito) Asmar Sánchez, Antonio (Toñito) Jorge Alma Yamín, Andrés Bienvenido Bustamante Hungría, Roberto Antonio Paulino Pérez, Julio César Díaz Lora, Dave Omar Awad Kushner, alrededor de 12 directivos e instituciones y personas relacionadas con Naco Golf and Country Club, fue reenviada para el 10 de octubre para el inicio del conocimiento del fondo de dicho que se construiría en Boca Chica, este debió iniciar en el año 2006 y concluir tres años más tarde dicho proyecto,  “De acuerdo a un contrato firmado entre los estafadores, por demás desconocido por los adquirientes, que sólo el 35 % de los más de 700 millones de pesos que ingresaron se destinaba a la construcción y, como el resto del dinero se lo repartían desde que llegaba, no hay forma de que ese proyecto fuera realizable”.

Algunos de los afectados señalaron que en el 2006 adquirieron unos solares en Andrés Boca Chica, donde la administración construiría una ciudad estilo Punta Cana, pero hasta el momento no han obtenido los títulos de propiedad, los directivos de ese periodo comenzaron a construir el proyecto ha quedado inconcluso y el dinero pagado se desconoce su destino. El conflicto envuelve a 688 socios-accionistas  del Club Naco.

La referida acción se produce luego de que la Procuradora Fiscal del Distrito Nacional,  Yenni Berenice Reynoso, diera como válida la conversión del expediente, por encontrar en el mismo suficientes elementos de pruebas que justificaban la persecución penal por parte de las propias víctimas.
Este jueves 31 se conoció la audiencia de conciliación donde las partes no llegaron a ningún acuerdo, por lo que el juez Vladimir Rosario levantó acta fijando juicio de fondo para octubre.
Audiencia de conciliación celebrada en la Novena Sala

Algunos de los más de 30 demandantes declararon en medio de un intervalo ordenado por el juez comentaron que su intención en ningún momento es perjudicar a su Club Deportivo Naco, Inc., que ellos aspiran a que se haga justicia con todos los involucrados en la presente y pasadas directivas que apropiaron de su dinero y señalaron que por eso se han abierto otros procesos judiciales.